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Científicos venezolanos

Aunque los científicos venezolanos están regados por el mundo, la generación de relevo demuestra su compromiso con el país a través de proyectos de formación de alto nivel. Insisten en la necesidad de invertir en las universidades porque Venezuela sigue siendo un importante centro de producción de conocimiento


Gabriela Rojas

En los últimos 10 años, más de 20 estudiantes venezolanos de postgrado han llegado a universidades de renombre como los mejores de su clase. “Es un lujo para el país”, dice José Ocariz, físico merideño y docente de máster en la Universidad de París. Los números dicen más: 10 tesis de doctorados han sido defendidas en este período, tres más están en proceso y en lo que va de 2015, el programa de máster que recibe 300 candidaturas al año, aceptó 35 estudiantes de los cuales tres son venezolanos.

Las nuevas generaciones continúan una larga tradición de profesionales venezolanos que egresan con un perfil muy atractivo para cualquier institución internacional.

Otro factor de ventaja que tiene nuestro país es la cantidad de mujeres que hacen ciencia, una particularidad de Venezuela en relación a otros entornos. Claudio Mendoza, investigador y docente del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), lo destaca: “es un tema importante del cual Venezuela no debe preocuparse, mientras que otros países más bien están desarrollando políticas para que las mujeres tengan más presencia en el mundo científico. Las facultades de ciencias venezolanas tienen una proporción 50-50 entre hombres y mujeres, y en algunas carreras como química y biología la proporción favorece a las mujeres”.

“Durante 20 años la Unesco consideró a la ciudad de Mérida un microclima propicio para la innovación. Hoy está en mengua”

En el Cern (Organización Europea para la Investigación Nuclear –Cern por sus siglas en francés-) la presencia de mujeres en diferentes cargos llega a 30% y el número de físicas es aproximadamente 14%. En la pequeña muestra del equipo de los 11 estudiantes venezolanos que trabajaron en el Bosón de Higgs, cinco son mujeres.

“El nivel científico de Venezuela siempre fue superior al de los países de la región”, recuerda Luis Núñez, docente e investigador de la Universidad de Los Andes (ULA) y la Universidad Industrial de Santander en Colombia. Lo ejemplifica: “durante 20 años la Unesco consideró a la ciudad de Mérida un microclima propicio para la innovación porque había menos elementos distractores que en las grandes ciudades, por eso la ULA tenía desde los años 80, una plataforma interconectada de información en línea, algo totalmente de avanzada. Hoy lamentablemente está en mengua porque no hay recursos para actualizar los equipos”.

Núñez está residenciado en Colombia pero viaja continuamente a Mérida para poder mantenerse como tutor de sus estudiantes en la ULA. “La condición por la cual acepté el puesto en la Universidad de Santander fue la posibilidad de viajar con frecuencia a Venezuela y mantener el vínculo académico con la institución que me hizo”.

Su razón parece simple: “hay que estar donde haga falta construir y a pesar de las dificultades que atraviesa Venezuela, soy producto de la instrucción pública venezolana y no renuncio a mi compromiso con la educación”.

Se requiere inversión

La idea de retribuir al país la comparten muchos de quienes fueron sus estudiantes y que superan lo discursivo con acciones. Un ejemplo es la creación del Centro Virtual de Altos Estudios de Altas Energías Venezuela (Cevale2ve), una apuesta de formación virtual diseñada e impartida por un equipo de jóvenes físicos, entre los que se encuentra Bárbara Millán, Arturo Sánchez, Reina Camacho, Heberth Torres, Homero Martínez, Daniela Paredes, Camila Rangel Smith, Joany Manjarrés, Jacobo Montaño, Fernando Febres Cordero y Luis Alejandro Pérez.

El equipo se constituyó como un centro virtual que en su primer intento ya cuenta con dos logros significativos: involucrarse en el proceso de estudios universitarios en Venezuela a pesar de la distancia geográfica y hacer una alianza interinstitucional entre el IVIC, la USB y la UCV, ya que el programa está diseñado para que los estudiantes de postgrado de estas tres instituciones reciban cuatro horas académicas semanales en talleres virtuales que tienen acreditación y nota, válidas dentro de sus respectivos pensum.

“Los muchachos armaron el curso y dictan las clases en sus tiempos libres. Es un voluntariado que hacen fuera de sus horas de trabajo mientras siguen trabajando en sus investigaciones”, apunta Núñez.

El primer curso que se hizo entre septiembre y febrero superó las expectativas: “estaba pensado para postgrado pero también entraban estudiantes de pregrado como oyentes para tener acceso a los materiales que los muchachos les suministraban”, acota Mendoza.

“En otros países el profesor es sinónimo de gente que hace investigación y en su tiempo libre da clases. En Venezuela está invertido el rol”

Bárbara Millán forma parte del equipo de Cevale2ve. Una de las cosas que observó fue que en el curso participaron estudiantes que ya habían terminado el semestre pero igual se quedaban para asistir a la clase virtual.

Camila Rangel recordó la logística de organización que tuvieron que armar para poder dictar las clases: “todos estamos regados en diferentes ciudades y por el cambio de horario muchas veces teníamos que dar la clase cuando era de noche aquí para sincronizarnos con el horario de Venezuela”.

Reina Camacho señaló que a pesar de los problemas de conexión pudieron salir adelante porque la receptividad de los estudiantes en Venezuela los impulsaba a cumplir con cada parte del programa estipulado.

Joany Manjarrés afirma que la experiencia sirvió para reflejar la necesidad de mantener sólida la base de formación en las universidades públicas: “hay que empezar por el principio que es invertir en las universidades”.

Este fue el inicio para ponerse a trabajar desde ya en el segundo taller que se dictará a principios del año que viene. La premisa que confirma esta experiencia es que el camino lógico a seguir en la carrera científica es enseñar.

“Venezuela debe crear las condiciones de regreso porque tiene la capacidad de dar recurso humano y ser un centro de investigación científica de impacto mundial”

Pero la explicación que hace Arturo Sánchez pone en perspectiva el asunto: “en Venezuela hay una mala interpretación del profesor universitario. En otros países el profesor es sinónimo de gente que hace investigación y en su tiempo libre da clases para transmitir el conocimiento que ha desarrollado, y no al revés. En Venezuela está invertido el rol porque el profesor hace investigación si tiene tiempo libre pero en realidad gasta más del doble de su tiempo en dar clase y así no puede generar nuevo conocimiento”.

Millán señala que todos salieron a formarse con el plan de volver eventualmente a Venezuela. “Más allá de las decisiones personales, nosotros estudiamos en universidades públicas y queremos devolver eso al país. Muchísimos venezolanos están en el mundo haciendo ciencia pero la mayoría busca volver a la raíz, que en este caso es Latinoamérica porque en la última década los países de la región están haciendo una inversión importante. Uno prefiere quedarse cerca por el idioma, la idiosincrasia, la proximidad. El problema es que en Venezuela hay que lidiar con tantas limitaciones, que muchas veces las instituciones ni siquiera pueden costearse la suscripción a publicaciones científicas internacionales y hay que resolver con lo que tienes. Pero cuando sales quedas maravillado de las posibilidades y llega un momento en que no hay generación de relevo”.

José Ocariz hace énfasis en lo que considera una gran ventaja: “esta comunidad de expertos de alto nivel es una representación a escala de cómo es Venezuela: un país joven, con representación de todas las clases, que tiene presencia tanto de hombres como de mujeres, de origen urbano y rural, que les interesa y llegan a la educación superior. Si vamos más atrás, hace 10 años estos muchachos tuvieron profesores de liceo que los motivaron y le hicieron ver que valía la pena irse por el camino científico. Las razones de volver o quedarse siempre dependen de decisiones individuales pero Venezuela debe crear las condiciones de regreso porque tiene la capacidad de dar recurso humano y ser un centro de investigación científica de impacto mundial”.


Si quieres contactar al autor de esta historia escribe a: gabriela@larazon.net


 

 

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