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La crisis humanitaria es “generalizada”

La crisis humanitaria en Venezuela es de medicinas y alimentos

Especialistas y ONG aseguran que la declaratoria de crisis humanitaria de salud, hecha por la AN no soluciona el problema pero permitirá activar ayudas internacionales para el envío de medicamentos al país


Patricia Marcano

Catorce farmacias en un mismo día, ocho recorridas a pie y seis consultadas por teléfono, no fueron suficientes para que Hercilia Garnica consiguiera el martes pasado alguno de los nueve medicamentos que requiere su mamá, una señora de 80 años que toma medicinas para la hipertensión, tiroides, arritmia, que no puede dejar de tomar ácido fólico y que últimamente ha necesitado ansiolíticos, antidepresivos y un inductor del sueño. “Estamos seguros de que la situación del país y la emigración de sus nietos le produjeron angustia, ansiedad e insomnio”, cuenta su hija.

Asegura que su mamá, Nely Meza, es previsiva y no espera quedarse sin pastillas para avisarle que debe salir a buscar, y que cada dos meses solía vivir estas dificultades para conseguir los fármacos. “Pero últimamente ha sido más complicado, en las farmacias no me dan ninguna esperanza, no tienen idea de cuándo pueden llegar. No hay nada de antihipertensivos ni de psicotrópicos. Esto es desolador, frustrante y muy preocupante”.

Isabel Silvera, de 69 años, es hipertensa y tomar tres fármacos para su control: Amlovas (amlodipina), Micardis Plus (telmisartán más diurético) y Concor (bisoprolol fumarato). Desde hace 6 meses no consigue Micardis y desde octubre no encuentra amlodipina.

“Tengo que ir al médico a ver qué hago con mi vida, si me las cambia, si sigo recorriendo farmacias todos los días, si sigo buscando gente que viaje al exterior para que me las traiga. Lo peor es que la consulta con el cardiólogo cuesta 8.000 bolívares y la pensión es de 9.600. Aquí o comes o vas al médico”.

En el país no existen 65% de los 150 medicamentos esenciales que la OMS obliga tener

Su preocupación se sustenta en una mala experiencia. Hace dos años le dio un Accidente cerebrovascular (ACV) transitorio. En ese entones tomaba felodipina para la hipertensión, estuvo unos cuatro años con ese tratamiento hasta que comenzó a escasear y desapareció. Se lo cambiaron por otro, ramipril, y a la semana le dio el ACV. “Los médicos me dijeron que el cambio del medicamento me disparó la tensión”, relata. Su cardiólogo volvió a cambiar el tratamiento y le indicó amlodipina.

Le queda tratamiento hasta febrero. “Mensualmente tengo que caminar durante una o dos semanas para conseguir las pastillas. Me he metido en las páginas web de las farmacias para ver dónde hay y cuando voy me dicen que no tienen, que la página está desactualizada. La ministra dijo en estos días que la escasez era por el uso desproporcionado, ¿cómo va a haber uso desproporcionado si a uno le venden una cajita de 14 pastillas que te dura 14 días, y si tienes suerte te venden dos para que completes el mes?”, dice en tono de reclamo. Todo esto lo cuenta en la cola para entrar al Bicentenario de Los Símbolos, en Caracas.

Decidió hacer la cola porque vio que había pollo, pasta, azúcar, leche en polvo y jabón en polvo. Calculaba estar allí mínimo 4 horas. No va todos los miércoles (día de su su número de cédula), sino cuando ve que hay algo que necesita, no consigue, es muy caro y no tiene más opción.

En otro Bicentenario, el de San Bernardino, Nairy Medina hizo 9 horas de cola el martes. “Llegué a las 8 de la mañana y a las 5 de la tarde regresé a mi casa, y vivo cerca. Cualquiera que haya ido ese día te dirá lo mismo”, dice sin dudar. Consiguió pollo, carne y leche después de más de seis meses sin comprarlos a precio regulado. De ella depende la comida en su casa pues a su esposo le toca los lunes “y ese día nunca hay nada”, tiene una hija de 13 años que a pesar de necesitar toallas sanitarias no le venden por ser menor de edad, y otra de 4 años a la que dejó de darle leche antes de tiempo.

“Más nunca conseguí Previo 3 ni ninguna de esas fórmulas con nutrientes, ahora le doy leche completa cuando consigo. No hay nada de suplementos, los niños de ahorita van a tener más deficiencias que nuestra generación. Todo está muy difícil y costoso”, comenta Medina. De medicinas pediátricas le costó hallar desparasitantes y su pediatra se los dio, pero sigue buscando las de su papá diabético y con problemas en la próstata. Desde noviembre no toma el tratamiento porque no le consigue Tamsulon.

La crisis humanitaria tambien se vive en la alimentación
La escasez de alimentos se suma a la de medicamentos y agrava la situación de pobreza de los venezolanos, asegura Marino González. Foto: Reuters

Empobrecimiento agudo

Estas tres historias cotidianas –pero no por ello normales- entrarían dentro de los argumentos dados el martes, en la Asamblea Nacional (AN), cuando se aprobó decretar la existencia de una crisis humanitaria de salud.

José Manuel Olivares, presidente de la subcomisión de Salud del Poder Legislativo, señaló ese día que 65% de los 150 medicamentos esenciales que deben tener disponibles los países para su población, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), no existen y que el año pasado, en el Hospital Universitario de Caracas, fallecieron 12 personas con problemas cardiovasculares porque no hubo insumos para operarlos.

“Hoy mueren venezolanos por la falta de medicinas en Venezuela”, expresó en varias oportunidades. Lo mismo ha advertido Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven), al denunciar hace 10 días que la escasez de medicinas llegó a 80%.

¿Cuáles serían los indicadores de la crisis humanitaria y qué implicaciones tiene la declaratoria de la AN? Marino González, médico especialista en Políticas Públicas y profesor de la USB, explica que el término de crisis humanitaria es designado, desde una perspectiva internacional, a países donde ocurren grandes desastres naturales, guerras civiles o conflictos bélicos como el caso de Ruanda, o donde hay grandes sequías con hambrunas pronunciadas como ha pasado en países de África.

Se asocia a aspectos económicos políticos, alimenticios y catástrofes donde los gobiernos se ven en la necesidad de pedir ayuda internacional porque no pueden responder ellos solos.

La pobreza medida por ingresos llegó a 76% de los hogares venezolanos en 2015

En el caso venezolano, dice González, estaría ocurriendo algo particular y muy preocupante: “hay un proceso agudo de empobrecimiento que se ha hecho más evidente en 2014 y 2015, y que tiene que ver con la caída en picada del crecimiento de la economía”.

Precisa que la economía tiene casi nueve trimestres de caída. En 2014 cayó 4 puntos. En 2015 fue de 10% según estimaciones de organismos internacionales y expertos, y el FMI ha dicho que Venezuela puede caer 8% este año. “Si sumas todo eso te da una caída de casi 25% en tres años. Quiere decir que ahora, en 2016, tenemos 25% menos recursos, menos producción y menos actividad económica en comparación con 2014”., sostiene González.

Esas caídas las viven las familias venezolanas en sus ingresos. La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) realizada en 2014 por académicos de la UCV, USB y Ucab arrojó que 25% de los hogares estaban en pobreza extrema por sus bajos ingresos (no tienen el dinero para comprar los alimentos que se requieren), y la de 2015 reveló un aumento: subió a 50%.

Adicionalmente, el año pasado el porcentaje de hogares en pobreza no extrema (con ingresos para comprar alimentos pero no para otras necesidades) se ubicó en agosto en 26%, por lo que ambas suman 76% de pobreza medida por ingresos (el INE realiza las mediciones oficiales con base en las necesidades básicas insatisfechas).

González argumenta que la pobreza extrema y no extrema se agravan con la escasez de alimentos y de medicamentos, y considerando que no se ha dado un cambio de la política económica en el país, que hay más escasez, mayor caída de la producción y más restricciones para conseguir dólares para producir, “no hay que ser muy genio para concluir que hay un problema grave”.

Por ello asegura que no es exagerado decir que hoy “80% de las familias tienen dificultades para conseguir alimentos y medicinas, o no tienen ingresos y si los tienen no consiguen las medicinas ni comida. En este contexto, la crisis humanitaria es un término que sí se ajusta a lo que está pasando. La Asamblea lo declara en la salud y está muy bien, pero es una crisis humanitaria generalizada: de alimentos y medicamentos”.

“Se está alterando el desarrollo físico y cognitivo de las futuras generaciones”

Marianella Herrera, directora del Observatorio Venezolano de Salud y médico nutrólogo, coincide con González y señala que está totalmente justificada la declaratoria de crisis humanitaria porque en varios casos no solo está comprometida la salud de las personas sino la vida, y que no comenzó hace un mes o dos.

En el caso de la alimentación la crisis estaría asociada a como se ha manejado la distribución de alimentos en los últimos años, indica Herrera, al hacerse a través de operativos que son típicos de situaciones de emergencia, aplicados cuando el país no estaba en emergencia. Allí se favoreció la distribución excepcional por una normal limitando el acceso –dice- y en paralelo ocurrió una merma en la producción de alimentos, se favoreció la importación, se deformó el mercado y acceso a divisas y se agudizó la escasez. Todo esto ha afectado la alimentación.

Algo básico como las caraotas negras dejó de consumirse antes de que subieran de precio, asegura Herrera, por las dificultades para conseguir bombonas de gas. “Como requiere mucho tiempo de cocción la gente dejó de consumirlas para ahorrar gas. Después vino la escasez y altos precios. Un plato muy típico en el desayuno era la arepa con caraotas y queso. Ahora el desayuno clásico es arepa con margarina o con mayonesa. Eso es lo que estamos viendo”.

Al dejar de consumir el hierro, ácido fólico y flavonoides aportados por las caraotas, “ya no estás viviendo, estás sobreviviendo, estás consumiendo calorías para mantenerte vivo”, aseguró la especialista.

Lo mismo estaría ocurriendo con la caída del consumo de carnes y de leche. En este último caso advierte que se está alterando el desarrollo físico y cognitivo de las futuras generaciones, que si se suma a los embarazos en adolescentes se tiene “un caldo de cultivo”. “Estamos en crisis humanitaria porque las necesidades básicas de los venezolanos están por el suelo”, agregó.

Marino González reconoce que si se siguen los criterios internacionales de crisis humanitaria habrá quienes digan que no aplica para Venezuela. “Pero es discutible. Si un niño no tiene hoy cómo comer, eso es una crisis humanitaria. Puede ser que hoy no se alimente adecuadamente, el problema es que eso ocurrirá también mañana y pasado mañana. Si ese niño no come bien, no va a poder aprender cuando vaya a la escuela y la pobreza se reproduce por el hecho de que ese niño no tenga hoy qué comer”.


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Ayuda internacional

Francisco Valencia, presidente de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida), informó que semanas atrás se reunieron con empresas farmacéuticas y con el presidente del Ivss, Carlos Rotondaro, por la escasez y para saber cómo estaban los inventarios.

Las trasnacionales les informaron que la cantidad de medicinas de alto costo existentes actualmente alcanzan hasta marzo. “Rotondaro aceptó que la situación está difícil, que no es la misma del año pasado y que activarían todos los mecanismos para no dejar de entregar este tipo de medicamentos a la población”.

Recordó que si se emite hoy una orden de compra de medicamentos, esos fármacos llegarán al país en 5 meses por los procesos burocráticos existentes. Por ello Rotondaro se comprometió a solicitar a los entes del Estado facilitar la entrega de los certificados de no producción nacional y los pidan una vez al año, no cada vez que se hace la requisición de un producto.

Valencia además aclara que el decreto de la crisis humanitaria de salud “es un paso muy importante pero no estamos cerca de solucionar el problema, hay que hacer muchas cosas y una de ellas es que el Gobierno y el ministerio acepten que hay una crisis”.

Las trasnacionales informaron que la cantidad de medicinas de alto costo existentes actualmente alcanzan hasta marzo

Hace dos semanas se reunieron con Celia Riera, representante de la OPS en Venezuela, para informarle sobre la situación basada en las denuncias que reciben y ella les aseguró que contactaría a la sede de la OPS/OMS en Washington (EEUU) “para ver qué mecanismos se pueden activar”, dijo Valencia.

El jueves le hicieron llegar el documento aprobado en la AN (de la crisis humanitaria) al relator de Salud de Naciones Unidas y harán lo mismo con la OMS y OPS, pues asegura que al ser una decisión emanada de un Poder del Estado estos organismos pudieran presionar al gobierno venezolano para que permita la ayuda humanitaria. Esperan que varios entes internacionales se activen por el decreto, incluido Médicos Sin Fronteras.

“Ya el Estado no puede dar una respuesta rápida para evitar la muerte de personas por falta de medicamentos. Llegamos a un punto tan crítico que ni las solicitudes por Twitter funcionan porque no hay medicinas disponibles para donación”, aseveró el presidente de Codevida.

Luisa Rodríguez, presidenta de la Fundación de lucha contra el cáncer de mama (Funcamama), informó que en el caso de estas neoplasias la escasez está entre 70% y 80%, y uno de los fármacos que no está disponible es el tamoxifeno. Desde hace 2 meses el Ivss no lo entrega porque no hay.

Está indicado al terminar la quimioterapia y/o radioterapia como tratamiento básico durante 5 años ininterrumpidos, para disminuir el riesgo de desarrollar otro tipo de cáncer o metástasis del mismo. Rodríguez detalla que es muy económico, costaba Bs 60 y el Ivss lo entregaba gratuito. “Cada 100 días el cáncer se duplica en el cuerpo, si una persona interrumpe el tratamiento por dos o tres meses corre el riesgo de pasar a una etapa matastásica”.

Si bien las organizaciones y especialistas no dudan que estén muriendo venezolanos por falta de tratamientos, llevar una estadística seria no es fácil; requeriría de personal en los centros de salud dedicados a registrar caso por caso y hacer seguimiento hasta el final, para poder establecer que el deceso se debió a la escasez de un fármaco o tratamiento, pues los pacientes con cáncer suelen fallecer por un paro respiratorio y así se registra en el acta de defunción, indica Rodríguez. Lo mismo puede ocurrir con otras patologías. A eso se suma el miedo del paciente o familiares de denunciar, con nombre y apellido, la vulneración del derecho a la salud por la inexistencia de un fármaco o insumo.

El 12 de enero Codevida recibió un donativo de la A.C. Venezolanos en España, de 16 bultos con medicamentos esenciales (analgésicos, antihistamínicos, antipiréticos, antialérgicos y pañales para adultos). Rodríguez y Valencia aclararon que los están donando a través de organizaciones de pacientes, consultas médicas en hospitales y casos de emergencia que han documentado.

Están por recibir otro lote, de 4 toneladas, donde habrá medicinas básicas, de alto costo e insumos médicos, pero pudiera demorar porque los costos de envío son mayores y el grupo está recaudando fondos para costearlo.


El día en una farmacia

Miércoles en la mañana, en una farmacia de la Av. Presidente Medina (Victoria), en Las Acacias. En 10 minutos se cuentan 23 personas que entran a preguntar por algún medicamento. Y en 10 minutos tres farmacéuticos responden automáticamente “no”. Cuatro personas consiguieron algo, los demás se van retirando como si nada y unos pocos hacen comentarios al aire.

“Aquí tampoco hay”, dice Tulio García, de 74 años. A esa hora ya había ido a cuatro farmacias y sumaba la quinta. Estuvo antes en la Av. Fuerzas Armadas, El Valle y San Martín. Al preguntarle qué está buscando se saca del bolsillo cuatro cartoncitos con los nombres de las pastillas: Aldactone, Losartán, Clopid y Carvedilol. Le arrancó las pestañas a las cajas y las muestra en cada botica.

Crisis humanitaria en Venezuela
Foto: StopVIH

“Esto nunca había pasado, no hay ni medicinas ni comida, hace rato dejé de comer bien”, agrega García. Del otro lado del mostrador, la farmacéutica Lisbeth Montilla relata que desde las 7 am hasta las 8 pm lo que hace es decir “no hay”.

“Hay mucha escasez, peor que el año pasado. Las droguerías nos mandaban a diario pero ahora lo hacen con retraso y esta semana, del 100% de antihipertensivos que existen nos llegó el 10%, y cuando llegan son dos o tres cajitas. De antibióticos no hay nada. La gente se molesta y la paga con uno porque es el que da la cara, pero la culpa no es de la droguería ni es nuestra”, dice.

Con ella coincide Maritza Sánchez, farmacéutica que desde hace 30 años trabaja en una farmacia de la parroquia Candelaria. “La mercancía llega cada vez en menor cantidad y cada vez tarda más. Hay medicinas desaparecidas y otras escasas. Las desaparecidas son las anticonceptivas, los antibióticos, anticonvulsivantes y antihipertensivos”.

También ha recibido diez, cinco y hasta una sola caja de un fármaco, stock que se puede ir en una sola persona. “No nos llegan como antes y la gente tampoco compra como antes. Cuando te quedan tres cajitas comienzas a temblar. Jamás había visto esto en 30 años. Es horrible”.

Lucía Fernández llegó a la misma farmacia donde estaba García para ver si había enalapril y rivotril. Negativo. “Ahora hago los recorridos por zonas a ver si me va mejor. Así cubro toda Caracas, tengo dos semanas en esto”.


Si quieres contactar al autor de esta historia, escribe a: patricia@larazon.net