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Hablar de “imperialismo ruso en Ucrania” cumple la misma función mixtificadora que hablar de “imperialismo cubano en Venezuela”


Tamer Sarkis Fernández

En homenaje a las miles de víctimas de la masacre de Odessa, perpetrada por las bandas de títeres occidentalistas con pelaje neo-nazi, quienes prendieron fuego al edificio de los sindicatos, donde gran número de personas había ido a refugiarse de su violencia mortal. Estas cabezas huecas asfixiaron a los lugareños, los quemaron vivos, les dispararon, machacaron cuerpos y huesos, les ahorcaron de cables eléctricos, les arrojaron de las ventanas y de las azoteas -tal y como en Siria hacen los llamados “rebeldes” con la población civil rea, considerada “hereje” o “impura” cuando se habla afablemente con el vecino de confesión distinta. Entretanto, “occidente” acaricia el lomo de esos cachorros suyos, elogiando el sentido democrático y los valores europeos de su Ucrania doméstica, y regalándole a ésta el festival de Eurovisión…

LOS SEPARATISTAS

Los sionistas ucros salidos de “la primavera de Maidan” (y aquellos sionistas “occidentales” que la parieron) llaman “separatismo” a la resistencia del pueblo novorruso. Mas los separatistas son ellos: ellos practican la caza del rusófono; ellos prohíben la didáctica escolar de la historia ucraniana (tan ligada a Rusia desde la génesis misma del Rus de Kiev); ellos han convertido el Este de su propio país en un siniestro intramuros del tiro al blanco; ellos se han empecinado en no reconocer la diversidad ucraniana en la unidad; ellos, en fin, han producido la necesidad popular de edificar estructuras de defensa frente a una estructura kievita de Estado que habría de implementar el principio de ciudadanía en igualdad, pero que por el contrario aparta y diezma en función de un constructo étnico apadrinado por el Pentágono, por Berlín, por Bruselas. El pueblo novorruso, en el fondo, quiere unidad, y lo demuestra al conservar sus pasaportes ucranianos para tiempos mejores de respeto e integración. Les obligan, hoy, a irse, y empuñando el fusil, pues se niegan a ser víctimas. Se niegan a irse apaleados. Buscan evadirse de los campos de prisioneros gubernamentales, tapadera de campos de concentración civiles donde, literalmente, los reos son obligados, por soldados y paracos maidanescos, a cavar su propia fosa bajo su propia patria.

EL CONTRATODISMO: IDEOLOGÍA DEL AGRESOR

Hablar de “imperialismo ruso en Ucrania” cumple la misma función mixtificadora que hablar de “imperialismo cubano en Venezuela”. “Ni yankies, ni cubanos. Por una Venezuela libre de confrontación inter-imperialista”: ¿Qué gusana ridiculez sería ésa?. Muchos se apenan de las poblaciones de la Ucrania Oriental, asediadas por la aviación recadera de la OTAN y por sus paramilitares. O se apenaban, véase el matiz, mientras los asediados cumplían un rol de práctica indefensión. Haberse organizado en milicias populares para proteger su vida y la de los suyos les ha convertido en “títeres del imperialismo ruso” y en “un bando” del “conflicto”, sufrido, “entre dos fuegos enemigos”, por “la población civil”. ¿Cabe mayor fariseísmo?. ¡Qué asco!.

Echarle escupitajos a la actuación “occidental” en Ucrania para acto seguido invocar postura condenatoria “del conflicto en sí, desde fuera y a la contra de todos sus actores involucrados”, se convierte en el más cínico capote de blindaje echado a los verdugos al tratar de desarmar moral y simbólicamente a los agredidos. Si enfrentar a la OTAN es “servir a los rusos”, cuyos designios serían “de opresivo ataque” y no de ayuda a las víctimas, entonces queda el juicio en tablas. A los ciudadanos “occidentales”, así des-sensibilizados, se les sume en el indiferentismo. Se les incita a dar la espalda al combate de las poblaciones agredidas por el imperialismo actuante. Se les empuja a no solidarizarse, y ello en nombre de la paz y contra la “guerra inter-imperialista”. El salomónico social-pacifismo, una y otra vez, se comporta como la mascarilla balsámica del Hegemonismo estadounidense, conservadora y tonificadora de su bárbara Agenda de ofensiva: A Dios rogando y con el mazo dando.

¿Rusia cumple acaso papel de agresora?. Pregunten ustedes a los habitantes del Este de Ucrania, allá donde se dan los ataques. Pregúntenles por quiénes les agreden y quiénes les dan armas, víveres, combustible, voluntarios…, para sobrevivir. ¿Hacia dónde va la población del Donbass expulsada de sus casas por la “limpieza” gentilicia-lingüística que acomete Kiev (y, tras él, el Hegemonismo y sus bases de apoyo europeas)?.

“¿Conflicto?”, ¿en el Donbass?: Yo veo a unos, desde el Oeste, mandando carros y convoyes a exterminar la gente y así reemplazarla por una nueva base-tapón demográfica, militante y militar Hegemonista pegada a Rusia. Yo no veo a la gente del Donbass disparándose a sí misma. Así pues, ¿qué “conflicto del Donbass”?. Son las tropas conducidas por los vende-patrias de una Ucrania títere de “occidente”, quienes les disparan. ¿Alguien cree en serio que una Rusia que a pasos agigantados ha hecho su acumulación primitiva a partir de los hidrocarburos, cuyo fondo de capitales ya convierte en inversión productiva y en exportación mercantil, está en absoluto interesada en hacer estallar una guerra ante sus propios morros y en una región donde la paz y la estabilidad iban a garantizarle mercados emergentes para su actividad al alza, por mor de nexos históricos, culturales, idiomáticos y de filiación ya sabidos?.

RUSIA NO SE DEJA ACORRALAR

Tome usted un mapa. Un mapamundi y marque los escenarios, actuales o pasados, encendidos por el Hegemonismo. Contabilícelos. Marque el surco mundial prendido por la actual oleada bélica hegemonista, en sus varios itinerarios (Doctrina del Occidente Expandido, AFRICOM, Look towards Asia o Doctrina Clinton, Doctrina del Vientre Blando de Europa e hiper-militarización del Mediterráneo septentrional, Primaveras Árabes, Cacería Verde en la India…) y en sus múltiples rostros (“Golpes blandos”, guerras económicas, cooptaciones, ingeniería de la movilización y sus conatos, cuartelazos, mercenariazgo, sonoros golpes de efecto, falsas banderas, “misiones de paz” con la ONU, sin la ONU…). Una los puntos y le saldrá un imperio donde nunca se pone el sol. A continuación, intente usted hacer lo mismo con Rusia. ¿Cuántas ofensivas iniciadas por Putin le salen en la cuenta?. El diferencial matemático no es un asunto fundamentalmente de números. Nos habla, cómo no, de roles funcionales distintos e inconmensurables. Las cantidades siempre expresan la cualidad respectiva encarnada por unas u otras fuerzas ideales en el Mundo (Friedrich Hegel, Fenomenología del Espíritu). “Occidente” ha transformado a Rusia en una especie de península del asedio, rodeada de bases otánicas e israelíes por todas partes menos por una, que se llama Rusia, dinamitada a su vez por una oligarquía bursátil formada en Wall Street y quintacolumnista. No creo que Putin esté destinado a ser un nuevo Zar (voz rusa para César) ensamblador de Eurasia en una Unidad de Destino desde Vladivostok a Finisterre. Y, no obstante, ¿qué se supone que puede hacer el líder ruso?. ¿Poner un pasillo a los chechenos y a los tártaros pagados en Maidán y hoy carniceros en Novorrusia, para que vayan estos escalando peldaño a peldaño, atentado tras atentado, hasta campar por las calles de San Petersburgo?. Llamarle a él imperialista, buscando generar opinión indiferentista ante la masacre pro-“occidental” en Ucrania: eso es imperialismo.

LOS ENTREGUISTAS

Pero si hay una idea a la que los anti-todos recurren en apoyo de su relativismo (y así de su apologética indirecta de unos verdugos desfocalizados), es la idea de un Yanukovich títere de Rusia, quien habría topado con una primavera popular adulterada a posteriori por fascistización. De nuevo, las cantidades dan buena cuenta de la función asumida por cada uno. Muestran falsa esa atribución de títere entreguista a Rusia, potencia que jamás llegó a ser la principal compradora de emisión ucraniana de deuda. El mayor volumen de empréstitos estatales ucranianos centralizados por Rusia se da, oh paradoja, durante el periodo Timoshenko (filo-occidental). Paralelamente, es falsa la imagen de una Rusia exportando capitales a Ucrania y haciéndose así con la economía del país. La Ucrania de Yanukovich mantuvo siempre fuera del alcance ruso su agroindustria (cerealera, frutal…), sus generadoras eléctricas, su ciclópeo sector maderero, su automotriz de vehículo pesado y su industria de equipo. En todo caso, penetraron los inversionistas rusos pero no precisamente aquellos adscritos al monopolismo de Estado. Más bien se trató de los pertenecientes a la fracción anti-Putin que enlaza con la Bolsa de Moscú, dirigida hasta el último mes de febrero por Roman Sulzhik. Un sionista confeso y ex del partido liberal Yabloko (“manzana”), educado en los Estados Unidos y quien, dicho sea de paso, invirtió en Maidan. Es harina de otro costal la dependencia ucraniana en materia energética, pero donde falta, falta. La geografía física también juega.

Cuando los señores anti-todos fingen arrancar la espiral de acontecimientos a partir de un presunto hecho estructurante, o sea, a partir de un Pecado Original relativizador del belicismo hegemonista (“el títere Yanukovich”), lo que estos apologetas están escondiendo es que Yanukovich sí era un genuino ni-ni: no era agente de los rusos, pero tampoco siervo de “occidente”. Por eso había que quitarlo de en medio. Porque a Rusia, en su pujanza económica, le bastaba con un amigo. Pero a “occidente”, en su declive ganancial y competitivo, no le bastan más que los criados. Y los ha puesto en Kiev. Estos de Poroshenko sí son títeres; no ha habido otros que estos. Ahora sí prima un memorándum (en forma de carta de adhesión a la UE) con el que se liquidan las fuerzas productivas ucranianas. Ahora sí se traza desde Berlín el puesto a ocupar por Ucrania en la división europea del trabajo. Ahora sí hay cuotas a la producción y de mercados. Ahora sí demarcan los alemanes qué % de las exportaciones ucranianas deberán por fuerza destinarse a la Eurozona en un futuro, y a qué países principalmente. Ahora sí se pregona el “rescate” financiero a Kiev. Ahora sí la política de agros pasa a decidirse en Chicago mientras las patentes euro y anglo-sionistas privatizan terrenos sólo para sus semillas. Ah… Y ahora sí se firman tratados bilaterales para la pronta ocupación militar de Ucrania y el despliegue de bases. Pero no firma Rusia, que jamás lo había planteado, sino la OTAN. El cerco a Rusia precisa, una vez más, de la “limpieza étnica” en Europa.

LOS ENEMIGOS DE NOVORRUSIA SON TRAIDORES A UCRANIA

La entronización sionista de estos auténticos vende-patrias halló la oposición patriótica en toda Ucrania, y no solamente en la Novorrussia. No se trata de ser “pro-rusos”. Combatir contra la otanización de Ucrania es combatir por la independencia y la Soberanía de la tierra de uno, en tanto que la OTAN no es más que el brazo armado de la neo-colonización de Ucrania. Quienes toman partido por la patria del Pueblo y contra la patria de los paniaguados del desguazamiento productivo de su país, no son entre sí enemigos. Y los hay en Donetsk, en Járkov, en Kramatorsk o en Kiev. La lucha del Donbass no es lucha “entre naciones” o “inter-étnica”. La lucha del Donbass es la lucha de Ucrania entera. Al Pueblo ucraniano no le conviene un Tratado con la UE que le hace esclavo y arruinará sus perspectivas de mejorar condiciones materiales de existencia. No le conviene, ni a Este ni tampoco a Oeste. Que, en efecto, masacrados por Kiev los orientales se hayan vuelto independentistas, expresa la única salida al callejón; no un “separatismo” apriorístico. Una compañera de Donetsk nos decía hace una semana en una reunión del Comité: “Nosotros ya no formamos parte de Ucrania. Pues los ucranianos nos asesinan. Ahora somos novorrusos”. Y el Gobierno de Putin les ayuda y defiende, aun sabiendo que la construcción de nuevas repúblicas novorrusas (de carácter popular y socialista, con hegemonía política e institucional por parte de los partidos comunistas) es disonante con el carácter de clase del Estado ruso y con su propio sistema económico. No todo es oportunismo, señores relativistas.

EL SOCIALIMPERIALISMO NO ENGAÑA A LOS PUEBLOS EN RESISTENCIA

Quienes pretender estar defendiendo la Venezuela bolivariana mientras atacan a Rusia deben de estar de broma. Quitan con una mano lo que dan con la otra. Difamando la posición y el papel desempeñados por quien es hoy el mayor contrafuegos político y militar del enemigo número 1 del género humano y de su futuro, estos señores le hacen flaco favor a Venezuela. Prevenidos, por Lukács (en El asalto a la razón), de caer en una “metafísica del hecho aislado”, sostenemos que cada caso “particular” de resistencia al Hegemonismo tiene análisis, posicionamiento y salida solamente distinguibles desde aquello que el propio Lukács llamaba una perspectiva de la Totalidad (en Historia y consciencia de clase). Si la amenaza yankie sobre la República Bolivariana parece amainar en lo inmediato, es porque Rusia ha levado anclas desde Cuba y ha puesto buques y portaaviones a surcar el Caribe.

No nos engañan: quienes hablan de imperialismo cubano en Venezuela, están tergiversando como “imperialismo” aquello que es internacionalismo. Y quienes hablan de “imperialismo ruso en Ucrania” tratan de limpiar con sus palabras la sangre vertida por los únicos agresores; esa misma sangre que ellos mismos contribuyen a hacer manar criminalizando a las víctimas (como “bando imperialista”) tanto como a la Potencia que las socorre. Esos que hablan de “proteger” del falaz “inter-imperialismo” a los ucranianos, son enemigos imperialistas de las gentes del Donbass. Y, más profundamente, de Ucrania toda.

El autor es Vicedirector de DIARIO UNIDAD

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