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La soberanía versus la margarina

La maldición de “Chacumbele” persigue al Presidente en la misma forma que persiguió a Chávez


Luis Fuenmayor Toro

La defensa de la patria, a través del comando de divisiones, brigadas y pelotones de combate, quedó muy atrás en el ideario bolivariano.

A los jefes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, especialmente a su Comandante en Jefe, ya no les interesa la protección de las fronteras, la vigilancia de nuestro mar territorial, la custodia de nuestras selvas, bosques, lagos y ríos, con miras a preservar la soberanía nacional, ni la defensa de la integridad del territorio patrio, legado de nuestros libertadores luego de décadas de duras contiendas y numerosas muertes.

No tenemos una fuerza armada preparada para enfrentar enemigos externos a la nación; el enemigo externo dejó de ser su preocupación para ocuparse de la represión de la población, la contención de la protesta popular y la limitación de los derechos políticos de los venezolanos, todo en consonancia con la tesis “del enemigo interno”, diseñada para toda América Latina por el Departamento de Estado.

Nuestro gobierno “revolucionario” y “bolivariano”, fiel a la tradición de los gobiernos venezolanos desde 1958, ha asumido plenamente esta tesis, aunque la esconde detrás de un discurso de supuesto antiimperialismo, que a través de palabras y posturas destempladas, groserías y vulgaridades, intenta demostrar una agresividad y decisión que está lejísimo de tener, pero que utiliza politiqueramente para aparecer ante sus seguidores como digno defensor de la independencia y la autodeterminación de los pueblos.

Pero su práctica diaria niega esta postura y lo deja al descubierto, por lo menos ante quienes creemos en los hechos y las realizaciones más que en los discursos y promesas.

Hoy, el nuevo Comandante en Jefe de la Fanb ha añadido nuevas funciones a las netamente militares, que claramente demuestran la poca importancia que el Gobierno le da a los aspectos castrenses fundamentales para la defensa de la soberanía e independencia nacionales.

Así, las directrices actuales a generales y almirantes dejaron de ser la conducción de divisiones, brigadas o escuadras, o la asignación a puestos fronterizos o a la protección de instalaciones vitales para la seguridad del país.

Hoy las tareas son muy distintas y, acorde con las mismas, tenemos asignaciones a faenas como la del general de las toallas sanitarias, algo así como de los modess; el de las caraotas, el del papel toilette; hay incluso uno para la margarina, otro para el aceite, para los desodorantes y otro más para los lácteos.

No sé si hay un almirante para las sardinas o los guacucos, y alguno de la fuerza aérea es el general de los zamuros, con los cuales se pretende sustituir al pollo en nuestra dieta diaria.

Imagino lo orgullosos que estarán estos militares de la más alta graduación y sus familiares y amigos, con estas responsabilidades supremas asignadas por el Jefe del Estado, quien les demuestra tener una gran confianza y una estima ilimitada.

Intuyo, además, la gran admiración que las nuevas obligaciones debe haber despertado en la oficialidad subalterna, quienes deben ver a sus superiores prácticamente como descendientes de Bolívar, Miranda, Sucre, Páez, Mariño, Urdaneta, Piar y tantos otros, que dedicaron su vida a la lucha contra el imperio más poderoso de la época, en aras de la libertad e independencia de Venezuela.

No sé quiénes asesoran “tan bien” al presidente Maduro, no sé si Padrino López opinó al respecto o fue el autor de la “genial” idea, pero cada vez más parece que el Presidente cava su propia fosa política en forma muy exitosa, sin ninguna ayuda de los opositores de la MUD. La maldición de “Chacumbele” persigue al Presidente en la misma forma que persiguió a Chávez.

No sé si entre los acuerdos del Gobierno y la MUD, forzados por la Unasur y por Obama, este último a través de Shannon, la Unión Europea, Rajoy y Santos, en este país más que intervenido, está el compromiso del Gobierno para hacer el ridículo.

Pensábamos que con el diferimiento sin fecha fija de las elecciones de gobernadores, la realización del Revocatorio este año y algunos otros acuerdos, como permitir las movilizaciones convocadas por la MUD y la no persecución en el futuro de una parte de los gobernantes salientes, bastaba para satisfacer las peticiones de los involucrados directamente, pese a que se dejaran de lado los intereses fundamentales de la nación venezolana.

Pero, al parecer, hacer el ridículo fue también una exigencia, que ha sido cumplida cabalmente por el Gobierno o simplemente es algo inherente a su naturaleza, de lo cual no escapa tampoco la oposición de la MUD.

Las declaraciones de ambos sectores, luego de la bautizada como la “Toma de Caracas”, es una muestra de la ridiculez a que han llevado la discusión política el Gobierno y la Mesa.

Para el primero, “se demostró que la MUD miente” al decir que en Venezuela impera un gobierno sanguinario, represivo y dictatorial, que no permite que la disidencia se manifieste.

No dice el Gobierno que también se habría demostrado que no existía ningún plan golpista ni magnicida por parte de la MUD. El Gobierno dice que sólo marcharon unos 30 mil opositores, mientras que ellos reunieron unos 80 mil.

El cálculo, técnicamente efectuado, de la marcha opositora demuestra la asistencia de más de 300 mil personas, cuatro veces más de lo reunido por el Gobierno, según sus propios cálculos, pero muy lejos del millón 200 mil que se atribuyó la dirigencia de la MUD. La manipulación continúa.

Fue un éxito que la MUD recuperara su capacidad de convocatoria y marchara en los predios de Jorge Rodríguez, a pesar de declaraciones y discursos; fue un éxito, aunque menor, que el gobierno pudiera reunir lo que reunió, aunque ayudado con presiones a los funcionarios públicos; demostró en todo caso que no está tan aislado como algunos creen y que puede seguir dando la pelea.