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Venezuela requiere captar en todas sus dimensiones el carácter de la resistencia de países agredidos que han sabido superar bloqueos económicos, maniobras diplomáticas y cercos informativos


Julián Rivas

Todo cambia o se modifica, lo importante es ver la naturaleza de la transformación y captar la lección que queda. Es el aprendizaje individual y colectivo, la aproximación sucesiva a la realidad.

Este es tiempo de vernos la cara, y como revolucionarios evaluar en colectivo y sacar conclusiones, sinceramente.

En medio de un afán por presentar a nuestro país como invivible, lo que a diario hacen los reaccionarios derechistas, debemos ofrecer alternativas.

Pocos países del mundo tienen los atractivos de Venezuela. Pareciera ser fruto del demonio ese empeño para que nuestros jóvenes emigren.

Pero no tenga dudas, desplazamiento de poblaciones, limpieza territorial, o la sequía de profesionales, no tienen nada de inocencia. La geopolítica de algunos imperialistas, con pretensiones inconfesables, está latente.

Por lo demás, Venezuela requiere captar en todas sus dimensiones el carácter de la resistencia de países agredidos que han sabido superar bloqueos económicos, maniobras diplomáticas y cercos informativos.

Porque sin duda superar el difícil momento que vivimos obliga a revisar pautas de producción y distribución de bienes, vigilancia permanente de los servicios y freno a una burocracia desmedida.

El caso es complejo porque vemos las actividades económicas sin hacer seguimiento a los procesos históricos. Una situación válida hoy, posiblemente mañana no tiene pertinencia económica. Pongo un ejemplo, las torres de El Silencio, en Caracas.

Paso siempre por ahí, y veo lo mismo, el creciente deterioro. De manera sencilla les digo que eso no puede seguir así. Posiblemente los criterios de uso que se impusieron con esas torres hace medio siglo ya no son válidos.

Hay deterioro, es evidente. Pero las torres de El Silencio son un emblema de Caracas.

Antes el testimonio de estar en Caracas era tomarse una foto en la plaza Diego Ibarra, con una fuente de agua y las torres al fondo. Eso ha cambiado. Indiscutiblemente las torres siguen siendo un centro neurálgico para la ciudad y el país. Muy bien.

Sin embargo, hay que evaluar su uso. Mantenerla llena de empleados públicos ya no es recomendable. El Estado podría mirar hacia otras edificaciones para instalar oficinas públicas y analizar alternativas para el uso futuro de las torres.

Las torres pueden convertirse en un gran museo, en un gran centro cultural que sea la suma y síntesis de Venezuela.

Museos históricos, de artes, de lo que fue la Venezuela colonial, republicana, que destaque los aportes indígenas, africanos, y de otras comunidades establecidas en nuestro país en décadas recientes. Puede ser un centro académico y a la vez un lugar de exposición.

Particularmente he visto en países del sureste asiático, como Singapur, que un terreno o una edificación hoy puede tener un uso y a la vuelta de veinte años puede tener otro. Se construye incluso hasta por un tiempo definido, y luego un proyecto de mayor dimensión sustituye el trabajo previo.

En Venezuela pareciera que hay un culto a la inmovilidad, lo que sin duda choca con la idea de revolución. Digo las torres de El Silencio, pero pudieran ser las torres de Parque Central.

Hace un par de meses un amigo me dijo que lo acompañara a buscar un carro en los sótanos de ese sitio. Eso deprime.

Pero Parque Central y sus alrededores, la avenida Bolívar, los museos de la zona, pueden servir para un gran centro de convenciones, nuevos hoteles, edificaciones de interés para comunidades incluso.

Entre la avenida México y Parque Central pueden levantarse instalaciones feriales, locales para la exposición de productos venezolanos, con soporte y participación de cámaras empresariales.

Mientras no avancemos, los capitalistas groseros van a seguir vendiendo la idea de que ellos son los únicos que saben de empresas. Hay que dar un giro a Caracas. No es fácil por supuesto. En Venezuela se ha difundido otra peregrina idea, la de que el rancho es bello. Por eso Petare es así de horrible.

No podemos seguir con la queja de que las grandes potencias quieren petróleo barato. Es verdad, pero hay alternativas. Debemos producir alimentos. A Siria, por ejemplo, le han hecho la guerra, pero produce alimentos. Por eso el mal no es mayor.

Venezuela ha sufrido agresiones económicas en casi dos décadas, una guerra sin bombas pero que disloca su economía. Pregunto, por qué no aprovechar estos tiempos y ampliar el Jardín Botánico hasta El Helicoide.

Por qué no ampliar el Cementerio General del sur, con intercambio de tierras en barrios de las parroquias Santa Rosalía y El Valle, hoy ranchificadas, por nuevas viviendas en otras áreas de la ciudad o zonas aledañas.

Hay que acabar con el culto al rancho, olvidar ese mito que nos han inculcado algunos arquitectos y científicos sociales de que el rancho es una genial obra artística. Es cuestión de evaluar.

Hay una historia de la ciudad que se expresa hoy. Surgen elementos cuantitativos y cualitativos. Valoraciones de todo tipo. Incluso historias, experiencias vitales que explican fenómenos.

En todo caso el mundo cambia. El desarrollo científico tecnológico obliga a la reconversión de industrias. Igualmente, los servicios en una ciudad pueden cambiar.

Lo intolerable son los vicios. Muchas veces no vemos la protuberancia de lo inaceptable. Hay que hacer disecciones, ver que es fruto de la guerra económica, que es producto de la no aplicación de la ley y qué es fuente nutriente del burocratismo y la corrupción.

Hace poco, ante la creciente alza de los servicios de tintorería, consulté a muchas personas vinculadas a ese negocio.

Me dijo un italiano que el negocio de la lavandería y tintorería cogió fuerza entre 1959 y 1962, cuando desde un pequeño pueblo de la provincia de Salerno, llegaron centenares de inmigrantes para montar nuevas instalaciones en Caracas.

Con el tiempo esos negocios pasaron a manos de portugueses y españoles.

Ahora los portugueses tienen una especia de cartel en los servicios de lavandería y tintorería, imponen precios de servicio. E incluso, como fabrican los ganchos metal para ropa, distribuyen detergentes, químicos y otros insumos, abusan hasta con los otros tintoreros.

En el capitalismo queda demostrado que quien monopoliza un negocio, quien sabe un secreto de producción, quien controla procesos alimenticios, de desarrollo genético, va a sacar provecho y va a mostrar resistencia al cambio. Queda de parte del Estado y las organizaciones democráticas transformar esa realidad.

Hemos visto que los industriales del queso descalifican al pequeño productor, alegando ausencia de control sanitario. Pocos sugieren la masificación de pequeñas plantas de pasteurización, que sería la solución, lo que generaría empleo y transformación económica.

La informalidad puede superarse. Por ejemplo, vemos la ausencia de equipos de transmisión de datos o puntos de venta, lo que afecta al usuario y obstaculiza el control del Estado.

Esto incide en la recaudación de impuesto.

Mire, si aquí se cobrara lo que se genera por IVA en bares y restaurantes se recaudaría lo suficiente como para que no se escamotee el derecho a la pensión a miles de adultos mayores que por ley deberían estar registrados y cobrando lo correspondiente a seguridad social.

Preguntamos, por qué las empresas del Estrado que producen equipos electrónicos no incursionan de inmediato en la producción de esos equipos. Ojalá.

NOTA GLOBAL

Siria debe mantener su soberanía e independencia. Me alegra que al embajador Ghassan Abbas le otorguen la orden Francisco de Miranda antes de su partida de Venezuela, donde como embajador llegó a todos los sectores de la población.

En todo caso, el mundo sigue. Vemos que el eje de la Resistencia en Medio Oriente lleva la delantera en el largo conflicto armado en la región.

El bloque anglosionista pierde terreno en el conflicto sirio. Pero maniobra. La elección de Trump en Estados Unidos fue una sorpresa que políticamente les obliga a buscar opciones ante el recodo que significó la derrota de Clinton.

Siria en el año 2010 estaba en camino a la recepción de más de 10 millones de turistas. En el 2011 la cifra se redujo a unos pocos cientos de miles de visitantes. En años recientes prácticamente nada. Pero tenga la seguridad de que apenas se normalice ese país, Siria va a captar millones de turistas.

Finalmente, saber de la muerte de Fidel Castro obliga inevitablemente a hacer un comentario. Murió un pesado. Y como dijo el Presidente Mao, la muerte tiene distintos significados. Para el caso de Fidel su muerte tiene más peso que la montaña Taishan.


 

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