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Día infiel de los Fieles Difuntos

Las colectividades pueden juzgarse según traten a sus muertos. En la parodia de revolución, ni los cadáveres escapan


O.E

Derruido, el Cementerio General del Sur de Caracas. Pude comprobarlo esta semana, con motivo del Día, infiel, de los Fieles Difuntos.

Los decimonónicos mármoles que dieron lustre a nuestra escultura funeraria, ya no están. Canibalizados, desvalijados, los monumentos.

Arrancadas hasta sus entrañas para cualquier cosa, menos para el lustre de quienes se pretendía honrar. Las fosas, donde alguna vez estuvieron inhumados seres queridos, peor. El viejo y nada noble “sacarle el diente de oro” al cadáver.

La santería que da aliento al abominable robo de osamentas, en auge. “Efecto demostración” de la profanación de los restos del Libertador, perpetrada por el supuesto “Gigante” bajo la premisa que el conjuro perpetuaría su desgobierno.

No fue la única, ni última: se autoprofanó, pre y post mortem, al dar pie al sainete con la fecha, lugar y circunstancias de su supuesto magnicidio, el enano ético y mental más largo del Mundo, 1,85 mts por 2,00 de esteatopigia, que lo sucedió como único sospechoso.

Las colectividades pueden juzgarse según traten a sus muertos. En la parodia de revolución, ni los cadáveres escapan de la pésima calidad de vida.

O pésima calidad de muerte. Reclamar algo mejor para nosotros, cuasi vivos, sería presuntuoso de nuestra parte.

“¡No respetar ni la paz de los sepulcros!”, se estigmatizaba en otro tiempo. Éramos país.

Hoy, quilombo bolivariano, sin paz, respeto, ni sepulcros a salvo de la depredación del “Hombre Nuevo”.

No hay difuntos, incluso, porque en la Revolución gamberra, a los despojos humanos se les trata cual cachivaches.

– La bolsa o la muerte –amenaza el insepulto del camposanto, convergencia del hampa callejera de ultratumba, con la de cuello rojo de la alcaldía municipal, vivita y coleando.

Los cadáveres, también, tienen qué perder. Enviarlos de vuelta a este mundo es sinónimo de, desabastecimiento, hambre, apagones, sequías, epidemias, narcotiranía ¡Manos arriba, Venezuela! Que usted sea fiel o infiel difunto, lo mismo da.

En la “Bolivariana” se muere dos, tres, mil veces.