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El país no puede desangrarse, no se puede permitir que la ilegalidad golpee la soberanía


Julián Rivas

El traslado de billetes a Colombia es noticia vieja. Periódico de ayer, según la canción. ¿Por qué se reacciona ahora? Sencillamente porque la sangría es insostenible. Ningún país puede aceptar las deslealtades de un vecino. Particularmente cuando desde el propio estamento dirigente de Colombia se promueve dislocar la economía del país. Seguramente el cuento de la Gran Colombia contribuyó a esto. La oligarquía bogotana siempre le ha sacado provecho a este asunto. Pero ahora vemos el resultado de la incomprensión de lo que realmente es Colombia hoy: un centro de succión de recursos de Venezuela, base de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y campo de resonancia ideológica del anglosionismo. ¿Todavía no lo entienden?

Lo curioso es cómo unos supuestos venezolanos llevan rato sirviendo a la oligarquía bogotana. Esa oligarquía usa y saca provecho de las mafias fronterizas. Si usted no lo quiere creer, lo felicito. La oposición que representa la MUDideológicamente es cercana a la ultraderecha colombiana, al uribismo, al pastranismo, soporte del amasijo financiero del bachaqueo. Es todo un tratado de negocios, con agentes económicos desde el estado Táchira que en el curso de los últimos años se han extendido hasta el Caribe oriental y la costa atlántica venezolana.

En verdad, se cansa uno. Años advirtiendo de esta situación en la que son cómplices gerentes de bancos, notarios y registradores, uniformados, políticos, alcaldes y gobernadores, funcionarios del sistema de justicia, empresarios, y periodistas y opinadores en medios.

El caso evidencia la falta de carácter que durante décadas mantiene la dirigencia venezolana ante Colombia. Acaso se recuerda que desde hace más de 40 años están por devolver los carros robados en Venezuela. Nada. Hemos tenido hasta embajadores pro colombianos, como uno llamado Pavel Rondón, que para el caso es como el bobo de La Yuca.

Enfrentar a esta mafia que atesoraba billetes venezolanos al otro lado de la frontera es una obligación. El país no puede desangrarse, no se puede permitir que la ilegalidad golpee la soberanía. Prueba de ello han sido casas de cambio instaladas en San Antonio y Ureña donde se

negociaban divisas en claro perjuicio de los intereses de Venezuela.

Tenga la seguridad de que los diablitos diplomáticos de Colombia van a maniobrar de todas las maneras posibles en favor de los “inocentes” negociantes de Cúcuta. Una pregunta: ¿vamos a seguir con ese calamar?

Tomar medidas de control fronterizo es inevitable. Colombia chilla, porque eso le afecta su negocio de siglos. Con el cuento de la frontera más caliente nos han timado. Hasta los burros de Cunaviche se han llevado para Puerto Carreño para hacer mortadela. Si no lo cree, vaya a Cúcuta a hacer mercado.

La primera mafia que hay en Colombia es la oligárquica. Dueños de la República, actúan como nobles, sin olvidar que fueron mando colonial y sus raíces conducen a la Europa medieval. Saben mucho para la maldad y la guerra. Por allá murieron temprano Sucre, Infante, Anzoátegui, Bolívar. Pele los ojos. Como muestra repetimos el background (trasfondo) de la Holguin, canciller de Colombia. Sergio Esteban Vélez, periodista colombiano, escribió:

“María Ángela Holguín Cuellar. De alta cuna

Por el lado paterno:

-Su bisabuelo, el general Jorge Holguín Mallarino, dos veces presidente de la República, era hermano de Carlos Holguín Mallarino y sobrino de Manuel María Mallarino, ambos presidentes de la República. También era concuñado del presidente Miguel Antonio Caro.

-Su bisabuela doña Cecilia Arboleda Mosquera (esposa del general Holguín) era hija del escritor y político Julio Arboleda Pombo, presidente de la República, quien a su vez era sobrino político del cuatro veces presidente Tomás Cipriano de Mosquera, a su vez suegro del presidente Pedro Alcántara Herrán y hermano del presidente Joaquín Mosquera, de quien también era sobrina política doña Cecilia, pues Mosquera era cuñado y primo hermano de su abuelo materno, José Rafael Mosquera, el primer constitucionalista colombiano.

– Su tío abuelo Daniel Holguín Arboleda era yerno del presidente Rafael Reyes y sobrino político del también presidente Euclides de Angulo.

– La prima hermana de su abuelo, Clemencia Holguín y Caro, era la esposa del presidente Roberto Urdaneta Arbeláez.

– Su padre, Julio Holguín Umaña, primo hermano de los padres de los exministros Ángela Montoya Holguín y Miguel Urrutia Montoya y del exelcalde de Bogotá Diego Pardo Koppel y de la presidente del Polo Democrático, Clara López Obregón.

– La Canciller es prima hermana del director de “El Tiempo”, Roberto Pombo Holguín, y de la hermana de este, María Elvira, actual embajadora en Brasil.

Por el lado materno, este es el panorama:

– Su bisabuelo materno, Arístides Calderón Reyes, fue presidente del Estado Soberano de Boyacá. La esposa de este, Ana Rosa Tejada Mariño, era prima hermana del famoso dramaturgo y político Luis Vargas Tejada.

– Su abuela materna, Lucila Calderón Tejada, era prima hermana de Clímaco Calderón, presidente de la República en 1882.

– Su tío Luis Cuéllar Calderón se casó con María Mercedes, hermana de Alfonso López Michelsen e hija de Alfonso López Pumarejo. De esta unión nació su prima hermana, la exministra María Mercedes Cuéllar.

– Su madre, doña Lucila Cuéllar Calderón, prima hermana del escritor Eduardo Caballero Calderón, padre del columnista Antonio Caballero y del pintor Luis Caballero Holguín.

– Y, lo que muy pocos saben es que la nueva canciller es prima del Presidente de la República, ya que su madre, doña Lucila, es prima hermana de Jorge Calderón Umaña, el abuelo materno del presidente Juan Manuel y del exvicepresidente Francisco Santos Calderón”.

Fin de la cita.

Solo les digo que Seymour Martín Lipset en su libro “El hombre político, las bases sociales de la política”, hace una precisión de la democracia, según patrones occidentales: “La democracia en una sociedad compleja puede definirse como un sistema político que suministra oportunidades constitucionales regulares para el cambio de los dirigentes gobernantes y un mecanismo social que permite a la parte más grande posible de la población influir sobre las decisiones más importantes mediante la elección entre contendientes para los cargos políticos”. Esta definición es una combinación de conceptos de Joseph Schumpeter y Max Weber, dice Lipset.

¿Democracia en Colombia? Nada. Pura mafia. Astutos por demás, eso sí. Se cansa uno, dijo el rey del palangre.

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