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Julián Rivas: La tareo de hoy

Es bueno que a nivel oficial se impulsen iniciativas para culminar obras a medio camino


La política revolucionaria tiene que enfatizar en el carácter redistributivo de la gestión económica. No hablamos de populismo capitalista. Cualquier construcción del socialismo requiere la mayor condición de igualdad en la distribución de recursos y del poder político.

Por eso hay que tener cuidado con la tentación derechista y restauradora del puntofijismo. Igualmente de esos partidos fascistoides subsidiados y subsidiarios de la CIA y otros entes de Estados Unidos que se venden como novedosos.

De lo anterior se desprende que la política tiene que ser revolucionaria, en función de los intereses de las mayorías y del país. No puede ser con la política opositora de carácter estrictamente minoritario y antinacionalista de la MUD y sectores afines.

Un amigo habla de una trilogía como centro de nuestros problemas: bachaqueo, precios y moneda. Los atribuye a otra trilogía: guerra inducida, fenómenos naturales y precios del petróleo en caída. Hay que hacer correctivos y planificar para el futuro.

Por supuesto que el factor burocrático está presente. Se requiere conocer esa realidad, y dar respuestas con pertinencia histórica, ética y económica. Por ahí debemos empezar.

Por lo demás, es bueno que a nivel oficial se impulsen iniciativas para culminar obras a medio camino. No olvidemos el tramo vial entre Caicara del Orinoco y Puerto Ayacucho, o hacer de Chacopata el mejor puerto de carga con destino a Margarita. Tampoco la más que necesaria carretera Guiria-Macuro.

Venezuela es un país con recursos por demás. Podemos tener soluciones. Eso sí, debemos derrotar a los sembradores de desesperanza. Los desestabilizadores internos y externos.

De los desestabilizadores internos debemos señalar que andan mal y pisaron el acelerador hacia peor con la entrada de Julio Borges y un par de jóvenes en la directiva de ese organismo de dudosa vitalidad, la Asamblea Nacional.

No podemos soslayar a los desestabilizadores externos. Espero que el lector saque sus propias conclusiones sobre los neocolonialismos establecidos en Lima y Bogotá.

Vea esto: el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, “aprobó los lineamientos para otorgar el Permiso Temporal de Permanencia (PTP). Todo venezolano que quiera presentar la solicitud deberá esperar 120 días desde la entrada en vigencia de la regulación·.

“El PTP se otorgará por un año y podrá ser prorrogado automáticamente hasta la entrada en vigencia de la Ley de Migraciones o hasta que se regularice la situación política en la República Bolivariana de Venezuela·.

Hasta hace poco la política exterior peruana priorizó por la legalización de decenas de miles de sus nacionales residentes en Venezuela. En agosto de 2012 vino a Caracas el canciller de Perú, Rafael Roncagliolo, pidiendo la regularización de los migrantes peruanos que viven en Venezuela. “De acuerdo con el ministro peruano, en Venezuela viven aproximadamente 120 mil peruanos, pero una gran mayoría, más de 90 mil, se encuentra en situación de irregular”, dijo la prensa.

En esa tarea estuvo igualmente el embajador peruano en Caracas, Luis Raygada, quien luego escribió: Mientras el Gobierno venezolano muestra solidaridad legalizando peruanos, políticos peruanos se meten en asuntos internos de Venezuela.

Claro, llegó al mando de Lima un anglosionista. Lo mismo ocurre con Santos en Bogotá: Sostuvo esta semana que es “preocupante” la migración masiva de venezolanos a Colombia, al considerarla como “un problema que debemos tener presente”. Oiga bien, lo dice el presidente de un país que tiene más de 5 millones de sus ciudadanos en esta Tierra de Gracia.

Sigue la prensa: “En una entrevista con Caracol Radio, el jefe de Estado Santos dijo que a Colombia le interesa que Venezuela salga adelante ‘sin una implosión, que causaría una migración masiva que nos afectaría’”.

Descaro colombiano total, a nivel gubernamental, fue el comentario de un amigo. Aludía igualmente la decisión de Santos y su canciller pariente Holguín de impedir la compra a sus nacionales de gasolina venezolana pagada en pesos colombianos. “No conviene esa modalidad”, dijo Santos. Parece que le gusta la golilla del contrabando.

¡Esas declaraciones son malintencionada y en sintonía con la conspiración! Debemos accionar con reflexión, insiste el amigo. Y sin duda es parte de la tarea pendiente.

Este asunto tiene serías incidencias económicas y sociales. Una parte significativa de la informalidad en nuestras ciudades es de origen peruano y colombiano. ¿Acaso esta élite política gobernante en Lima y Bogotá, anglosionista, practicante de la ley del embudo, es tan tozuda que da declaraciones censurables y tristes? Así paga el diablo.

Nosotros los venezolanos y quiénes en general son residentes de Venezuela debemos defender nuestro país. Construir nuevas relaciones económicas, solidarias. Y aplicar la reciprocidad con los vecinos. No queda otra. Viva el pueblo.


 

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