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Para erradicar el contrabando y el saqueo de los billetes de alta denominación se deben sincerar los precios de los combustibles y alimentos, indica el economista y exministro de Industrias Básicas y Minería


Patricia Marcano

El año 2017 comenzó con cambios en el gabinete económico, anunciados por el presidente Nicolás Maduro el 4 de enero, pero sin anuncios sobre la política económica que se pudiera aplicar en los meses por venir para darle un vuelco a la crisis existente.

Víctor Álvarez, economista, ganador del Premio Nacional de Ciencia en 2013, y exministro de Industrias Básicas y Minería (2005-2006), sostiene que “si algo ha quedado claro es que no sirven para nada los recurrentes cambios de ministros si antes no se define un programa de ajuste expansivo con bienestar social, con las medidas cambiarias, fiscales, monetarias y de precios que son de consenso, y que deben ser aplicadas en el orden y a la velocidad adecuada”.

A su juicio, “con un buen programa de estabilización económica Venezuela puede gestionar financiamiento en los organismos multilaterales a un costo menor al que pagan los bonos de Pdvsa y la República”.

“Tarde o temprano, este u otro Gobierno tendrá que ir al sistema financiero internacional. Lo mejor es que no digan  ‘de esa agua no beberé’”, apunta el economista.

“Me preocupa la obsesión controladora del Gobierno”

¿Cuál es su apreciación sobre la fusión de los ministerios de Finanzas e Industria y sobre las nuevas designaciones?

La organización del Gobierno en ministerios para el diseño de políticas públicas es clave para el logro de una mayor eficiencia. Fusionar el manejo de las finanzas públicas -que implica lidiar con la recaudación de ISR, IVA, arancel de aduanas, impuestos a licores y cigarrillos, manejo de la deuda pública, pago a proveedores y contratistas, transferencias a gobernaciones y alcaldías, banca pública, etcétera-, con asuntos igualmente complejos como es el diseño de políticas agrícolas,  industriales y tecnológicas, es recargar a un solo ministro con un alud de asuntos que no podrá atender con el rigor que se requiere, y esto puede poner en peligro la reactivación de la economía.

A cada rato se cambian ministros que improvisan medidas aisladas e ineficientes, con peores resultados que un ajuste neoliberal contractivo, pues no terminan de corregir las causas estructurales de los desequilibrios y así todo tiende a estar peor. Si algo ha quedado claro es que no sirven para nada los recurrentes cambios de ministros si antes no se define un programa de ajuste expansivo con bienestar social, con las medidas cambiarias, fiscales, monetarias y de precios que son de consenso, y que deben ser aplicadas en el orden y a la velocidad adecuada.

¿Qué es lo que más le preocupa de la situación económica actual?

Me preocupa la mentalidad rentista de un Gobierno que cree que con aumentar los precios del petróleo todo se resolverá. Con precios en 88 dólares por barril ($/b) en 2014, 98 $/b en 2013 y 102 $/b en 2012, el Gobierno no ahorró lo necesario para encarar los tiempos de escasez. Me preocupa la obsesión controladora del Gobierno, los rígidos controles de precios no impidieron que Venezuela sufra la inflación más alta del mundo, el control de cambios tampoco evitó la fuga de capitales, la caída de las reservas internacionales ni la pulverización del bolívar.

“la fusión de los ministerios de Finanzas e Industria puede poner en peligro la reactivación de la economía”

Me preocupa la satanización de la empresa privada, las expropiaciones aceleraron la caída de la producción y agravaron la escasez, qué sentido tiene crear un Ministerio de Promoción de Inversiones si el Gobierno no garantiza los derechos de propiedad ni permite recuperar costos, mucho menos obtener una ganancia o remitir dividendos. Una política económica punitiva, plagada de multas y sanciones aleja al inversionista.

Los prolongados controles de cambio y de precios, la parafernalia de trámites y permisos, los abusos en las inspecciones, las multas discrecionales, el cierre arbitrario de empresas y el encarcelamiento de sus dueños y gerentes, espantan la inversión, estimulan la fuga de capitales, castigan la  producción y generan desempleo, escasez y empobrecimiento generalizado de la población.

¿Qué medidas deberían tomarse en este momento?

Hay que corregir las distorsiones macroeconómicas, comenzando por unificar el régimen de cambios a un nivel que exprese la productividad de la agricultura e industria. Se impone sincerar los precios para que reflejen los costos y permitan obtener una ganancia, la cual no será regulada por decreto sino a través de una política de promoción de inversiones que estimule la competencia en cantidad, calidad y precios y así beneficie al consumidor.

Hace falta una reforma fiscal para combatir la evasión, eliminar exoneraciones y exenciones indebidas y aumentar los ingresos fiscales para erradicar el financiamiento del déficit fiscal con emisiones de dinero por el BCV.

Urge racionalizar el presupuesto público, eliminar los gastos superfluos, sustituir los ineficientes subsidios indirectos por subsidios directos a los hogares pobres. Al unificar el régimen cambiario y sincerar el precio de la gasolina se corrigen 2/3 del déficit y al reactivar el cobro de los peajes y sincerar las tarifas de servicios de gas, agua y luz, el déficit se reduce a niveles manejables.

La política monetaria y financiera se debe manejar con prudencia y sensatez, si se liberan las tasas de interés antes de que la inflación haya sido abatida, como las tasas de interés persiguen la inflación, los altos costos financieros harían inviable la reactivación agrícola e industrial. Por lo tanto, en la secuencia lógica primero habría que corregir el déficit fiscal, erradicar el financiamiento monetario y abatir la inflación para que sea viable la liberalización de los mercados financieros.

Todo esto es posible a través de un plan bien pensado, con medidas pertinentes, aplicadas en la secuencia lógica y al ritmo adecuado. No se trata de un programa de shock en el que todas las medidas se aplican de golpe y porrazo.

“Es muy difícil dialogar y entenderse con un Gobierno rentista”

“NADIE QUIERE BOLÍVARES”

¿Qué impacto tiene en la economía el nuevo cono monetario?

Facilitará las operaciones de compra-venta en efectivo. Una cosa es pagar una carrera de taxi al aeropuerto con un solo billete de 20 mil y otra más engorrosa pagar con una paca de 200 billetes de 100. Los cajeros automáticos no agotarán tan rápido su stock de billetes y podrán atender a más usuarios. Lo malo es que las mafias de contrabandistas -que evaden el seguimiento de sus operaciones pagando en efectivo-, en adelante se les facilitarán sus operaciones.

Con los nuevos billetes de 20 mil no tendrán que movilizar grandes volúmenes de billetes de 100. Para erradicar el contrabando y el saqueo de los billetes de alta denominación hay que sincerar los precios de los combustibles y alimentos.

¿Incidirá en la inflación?

La emisión de billetes de mayor denominación es una consecuencia de la inflación y no su causa. A medida que los precios se disparan, los viejos billetes no alcanzan y se hace necesario sustituirlos por otros de mayor denominación. Lo que desquicia la inflación es la falta de oferta de un aparato productivo colapsado y el exceso de demanda que provoca un creciente gasto público.

“la mezcla  de una mayor demanda con una menor oferta es lo que atiza la inflación”

Hasta 2009 el financiamiento del BCV al Gobierno con emisiones de dinero sin respaldo fue nulo, pero a raíz de la reforma de la Ley del BCV, se autorizó al instituto emisor a financiar a las empresas del Estado. Y en una economía signada por la escasez, la mezcla  de una mayor demanda con una menor oferta es lo que atiza la inflación. Si esto no se corrige, ni siquiera la sustitución de los billetes por dinero plástico sería suficiente para detener la inflación.

Hay que  reactivar la producción y erradicar el financiamiento monetario del déficit fiscal. De lo contrario, el nuevo cono monetario tiene los días contados y va a perder vigencia en corto plazo, tal como pasó con los billetes de 2, 5, 10, 20, 50 y 100, que perdieron su poder de compra y ahora serán sustituidos por monedas.

¿Estamos en hiperinflación?

En Venezuela están dadas las condiciones para que se dispare la hiperinflación. En primer lugar, llevamos varios años con un déficit fiscal equivalente a 15 % del PIB, y eso es muy grave, es como una fiebre a 40. Si este año se realizan las elecciones de gobernadores y alcaldes, el Gobierno va a gastar más de lo que le ingresa para ganar clientela electoral, cuestión que agravará el déficit.

En segundo lugar, el Gobierno ha optado por financiar el déficit emitiendo pagarés que el BCV adquiere con emisiones de dinero sin respaldo en la producción. Y mucha plata persiguiendo pocos bienes no hace más que desbocar la inflación.

En tercer lugar, hay un rechazo a la moneda nacional, aquí nadie quiere bolívares porque sabe que al mes siguiente compran menos. En cuarto lugar, como las tasas de interés no compensan lo que los ahorros pierden por la voraz inflación, al no conseguir suficientes dólares para protegerse, entonces aumenta la demanda de bienes, y todos estos factores juntos nos ponen a las puertas de la hiperinflación.

“Si el nuevo cono monetario llegara antes del 20 de enero, no habría suficiente tiempo para distribuirlos a todas las agencias bancarias”

¿Qué pasó con el dólar paralelo? ¿Hay alguna explicación para ese desmesurado aumento en tan poco tiempo?

Varias causas explican el desenfreno del dólar paralelo. Al prohibirse la publicación de cualquier tipo de cambio distinto al oficial, el propio Gobierno generó las condiciones para que surgieran páginas web que difunden las cotizaciones de la divisa en el mercado ilegal, como DolarToday. A finales de 2016 se reactivó la impresión de dinero para financiar el incremento del gasto público y los especuladores cambiarios aprovecharon el pago de utilidades y aguinaldos para subir el dólar paralelo.

Si el tipo de cambio oficial fuese flexible, aun cuando el BCV imprima billetes para financiar un mayor gasto público, el alza del dólar oficial desalentaría la demanda y la brecha con el paralelo no sería tan grande. Superar estas distorsiones pasa por unificar el mercado cambiario a un nivel que refleje la productividad de la agricultura e industria, de tal forma que se puedan sustituir importaciones y respaldar las exportaciones no petroleras para generar más divisas.

¿Por qué no hay billetes? ¿Por qué los bancos están limitando su entrega?

Al retirar el billete de 100 a través de la banca pública, si tener en circulación los nuevos billetes, se dejó a los bancos privados sin papel moneda para cubrir los retiros en efectivo. Desde noviembre los cajeros automáticos se quedaron vacíos ante el retiro masivo de billetes para cubrir las compras en efectivo que se hacen para Navidad. Ante la creciente tensión en las largas colas que se formaban en las agencias bancarias, estas optaron por cerrar sus puertas. El nuevo cono monetario, que debía circular el 15 de diciembre, brilla por su ausencia al comenzar 2017. Los bancos no han recibido los nuevos billetes ni tienen un cronograma sobre cuándo y cómo recibirían los nuevos billetes.

Si el nuevo cono monetario llegara antes del 20 de enero, no habría suficiente tiempo para distribuirlos a todas las agencias bancarias y estas no podrán cumplir con el plazo anunciado para dispensarlos en taquilla o a través de su red de cajeros automáticos.

“Aún hay margen de maniobra para sanear la economía”

MEDIDAS DRACONIANAS

¿Cuánto tiempo tardaríamos en recuperar la economía?

En la gravedad del problema está la oportunidad. Con 4 millones de hectáreas que se expropiaron y están improductivas, con una industria que funciona al 40 % de su capacidad instalada y con unas empresas estatizadas secuestradas por el burocratismo y la corrupción, es enorme el potencial que se esconde bajo ese desastre. El país puede reactivar ese potencial ocioso para vencer la escasez, sin tener que realizar grandes inversiones. La capacidad productiva está allí, pero está parada, inactiva. Lo que hace falta es actuar  con sensatez y aplicar las medidas que antes expliqué y que están al alcance de la mano.

¿Es inminente o indispensable pedirle ayuda al FMI para rescatar nuestra economía o hay otras vías para lograrlo?

Aún hay margen de maniobra para sanear la economía, mejorar las cuentas y luego solicitar financiamiento internacional. Si el Gobierno reduce el gasto militar, reprograma el pago en divisas de las obras contratadas a China, Brasil, Irán, entre otras; si sustituye importaciones gubernamentales por un programa de compras a favor de la producción nacional, si unifica el tipo de cambio a un nivel que exprese la competitividad del sector exportador no petrolero, el balance de divisas mejorará y las necesidades de financiamiento serán menores.

Pero el Gobierno no aplica las medidas para sanear la economía ni termina de gestionar ante el FMI el financiamiento externo debido al prejuicio que tiene de acudir a los organismos multilaterales. Siente tan débil su capacidad de negociación que cree que al FMI tendrá que entrar de rodillas y aceptar todas sus condiciones. Con un buen programa de estabilización económica Venezuela puede gestionar financiamiento en los organismos multilaterales a un costo menor al que pagan los bonos de Pdvsa y la República. Tarde o temprano, este u otro Gobierno tendrá que ir al sistema financiero internacional. Lo mejor es que no digan  “de esa agua no beberé”.

“Los venezolanos tienen que comenzar a comportarse como ciudadanos y no como una clientela rentista”

¿Cómo será este 2017?

Para muchos economistas, tal es el grado de desajuste que no queda más remedio que aplicar medidas draconianas de fuerte impacto antipopular para iniciar la recuperación económica. A la luz de todo lo que hasta ahora he explicado, creo que todavía hay margen de maniobra para conseguir buenos resultados en el corto plazo. El 2017 puede ser mucho mejor que 2016 si se aplican las medidas elementales que son de sentido común y amplio consenso. La clave está en la secuencia y ritmo de las medidas: cuál se aplica primero, cuál después y si se hace de forma gradual o de una sola vez.

¿Qué pueden hacer los venezolanos para sobrevivir a esta crisis económica?

Los venezolanos tienen que comenzar a comportarse como ciudadanos y no como una clientela rentista que espera vivir de los Clap, de las dádivas del Gobierno y de ingresos que no son fruto de su esfuerzo productivo. En la movilización de calle los ciudadanos conscientes deben exigirle al Gobierno y a la oposición que se pongan de acuerdo para que los poderes Ejecutivo y Legislativo, en lugar de apostar a exterminarse, complementen sus capacidades con el fin de impulsar un programa de estabilización económica y una agenda legislativa para la reactivación productiva.

No se gana nada con una actitud quejumbrosa y contemplativa. Tampoco garantiza nada huir hacia adelante yéndose del país. Hay que movilizarse y exigir a las cúpulas políticas que asuman su responsabilidad ante el país desde los poderes públicos que cada cual controla.

“aquí nadie quiere bolívares porque sabe que al mes siguiente compran menos”


Víctor Álvarez
“Confunden mercado con capitalismo y por eso ahogan a los productores”, señala Álvarez

“Creen que estatizar es socializar”

¿El Decreto de Emergencia Económica mejoró algo?

Los resultados están a la vista: inflación en torno al 500%; contracción del PIB por tercer año consecutivo en el orden del 10 %, recrudecimiento de la escasez, acaparamiento, especulación e inflación; incremento del desempleo y empobrecimiento generalizado de la población. ¡Otro autogol!

¿Cómo ve el tema económico en la mesa de diálogo?

Muchas de las medidas planteadas en la mesa de diálogo para superar los problemas de escasez, acaparamiento, especulación e inflación que azotan a la población, el Gobierno las descarta por atribuirles un impacto antipopular con alto costo político en un año de elecciones de gobernadores y alcaldes. Presos de estas creencias limitantes, los nuevos ministros no logran romper la inercia para aplicar un programa de ajuste expansivo con bienestar social. Confunden mercado con capitalismo y por eso ahogan a los productores con rígidos controles de cambio y de precios.

Creen que estatizar es socializar y prefieren mantener empresas quebradas por el burocratismo y la corrupción, en lugar de privatizarlas o devolvérselas a sus dueños para que las reactiven. Atribuyen a las medidas un impacto antipopular y un costo electoral que paradójicamente el oficialismo ya ha pagado en demasía justamente por su incomprensión y permanente violación de las leyes que rigen la economía. Es muy difícil dialogar y entenderse con un Gobierno rentista que, en lugar de liberar las fuerzas productivas, prefiere esperar a que suban los precios del petróleo para distribuir clientelarmente la renta porque cree que así erradica la pobreza y aumenta su popularidad.


Si quieres contactar al autor de esta historia, escribe a: patricia@larazon.net


 

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