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Representantes de Unasur se encuentran en la sede de la cancillería de la República.

Algunos son incapaces de colocar a su patria por encima de las diferencias internas, por más graves que éstas sean


Luis Fuenmayor Toro

Aunque nada debe sorprendernos, todos lo fuimos con la noticia difundida por la cadena “CNN en Español”, sobre una supuesta entrega de documentos de identificación venezolanos, por parte de nuestro Gobierno, a ciudadanos de ciertos países árabes ligados con actividades de narcotráfico y terrorismo. La noticia es dada como un reportaje audiovisual elaborado a partir de una investigación periodística de la citada cadena informativa, luego de una denuncia de un exfuncionario diplomático venezolano, quien se desempeñó como consejero legal de la embajada venezolana en Iraq, entre julio 2013 y septiembre 2015. Se trata del ciudadano Misael López, actualmente viviendo en la hermosa Toledo, España, al no poder regresar a Venezuela con motivo de sus revelaciones, las que le acarrearon la pérdida de su trabajo.

Los periodistas, entre ellos el conocido Fernando del Rincón, narran una historia, que se inicia en la embajada venezolana en Iraq con supuestas ventas de visas y pasaportes que, si sólo expresaran la presencia de grave corrupción de ciertos funcionarios de la embajada, diría mucho del estado de putrefacción de la Cancillería, algo nada sorprendente si conocemos lo que ocurre en todo el aparato de Estado venezolano, totalmente descompuesto, y que sólo funciona para la represión, el robo y el engaño masivo de la gente. El ex funcionario denunciante, abogado y policía de profesión, habla del cobro de miles de dólares por una funcionaria, quien trató de incorporarlo en la red delictiva, la cual parece ser del conocimiento del embajador Jonathan Velasco, como se deriva del desarrollo del proceso.

A cargo de estas actividades delictivas se encontraba una empleada iraquí, contratada desde hacía años como intérprete de la sede diplomática, quien le informó que ganaba decena de miles de dólares con la venta de visas y de pasaportes. En 18 años de gobierno chaveco, nuestros mandatarios, que desde un comienzo establecieron una política de acercamiento con los países árabes, socios de Venezuela en la OPEP para más cuento, han sido incapaces de construir un equipo numeroso de profesionales, con dominio fluido del árabe y especializados en la historia y la cultura de los distintos países y pueblos de esa parte del mundo, como para no depender de nadie que no sea venezolano y disponer de asesoría e información relevante en nuestros tratos políticos, económicos y de todo tipo con ellos.

Según afirma Misael López, informó por escrito de lo que estaba ocurriendo al embajador en Iraq, quien no le dio importancia a sus denuncias, no abrió ninguna investigación y lo amenazó con tomar represalias si continuaba con esas acusaciones; según López, el embajador Velasco tampoco informó a la Cancillería en Caracas. Como buen policía, López realizó su propia pesquisa, de la cual concluye que la venta de visas y pasaportes, cédulas, partidas de nacimiento a pobladores árabes de otras nacionalidades, incluyendo personas acusadas de terrorismo y de vínculos con el narcotráfico, desborda el marco de la corrupción simple, para parecerse más a un complot para dar facilidades de tránsito a este tipo de gente, que podrían libremente circular por unos 130 países, 26 de ellos europeos, que no exigen visa a los venezolanos.

El ex consejero legal decide enviar su denuncia a la Cancillería y, a través del correo electrónico, envía en 2015 toda la información que tenía a Delcy Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela. Nunca obtuvo ninguna respuesta, a menos que ésta haya sido su despido del cargo de consejero legal como retaliación, ante su decisión de no convalidar estos hechos. El despido ocurre a finales de 2015 y se lo motiva como abandono del cargo por el funcionario, quien ya se encontraba en España. Su familia desde Caracas le informa que un funcionario policial se presentó en su casa, con la información de que estaba siendo investigado por divulgar documentos confidenciales o secretos, lo cual le hace tomar la decisión de no regresar a Venezuela.

Contacta entonces a la Embajada de EEUU en Madrid y le entrega toda la información recabada a un agente del FBI, quien la envió a la oficina del buró en Washington. CNN y CNN en Español deciden hace un año efectuar sus propias investigaciones, en las que trabajan durante un año y revisan miles de páginas de documentos, así como entrevistas en EEUU, España, Venezuela y Gran Bretaña. De la Cancillería obtienen una rápida respuesta de Delcy Rodríguez, después de muchos esfuerzos, en la que niega y se burla de las acusaciones. El embajador Velasco, con anterioridad, había dado una respuesta escrita completa, en la que aceptaba se le efectuara las auditorías que se quisiera, incluso internacionales, pues jamás habían vendido ni entregado documentos venezolanos a personas de otras nacionalidades.

Podríamos estar en presencia de una “olla” montada por el Departamento de Estado con CNN, especialistas en este tipo de maniobras. Así hicieron con Slobodan Milosevic, a quien bautizaron como “el carnicero de los Balcanes”, y nunca se retractaron luego que el Tribunal Penal Internacional declaró su inocencia, 10 años después de morir en la cárcel. La denuncia podría también corresponder a corrupción de funcionarios, que se aprovechan de las actuales circunstancias en el medio oriente, que llevan a la gente a huir a otras regiones. Pero bien podría ser un manejo irresponsable de unas relaciones con el mundo islámico, Irán, Siria y Palestina, antes con Libia, que no han sopesado en forma adecuada la geopolítica mundial y que puede haber dejado al país totalmente desprotegido. Con ignorantes fanatizados manejando la política internacional cualquier cosa puede suceder.

En cualquier caso, la puesta en escena de esta denuncia puede significar una decisión de intervención por cualquier medio en nuestro país, de la que se inicia su fase final, que no significa que será pasado mañana o dentro de tres o nueve meses, como desean algunos incapaces de colocar a su patria por encima de las diferencias internas, por más graves que éstas sean y más razones haya de querer salir de esta hecatombe.


 

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