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Corrupción

¿Qué hago para ser como el suciodicho camarado quien ama al guiso sin importarle el qué dirán?


O.E.

¿No hay consultorios sentimentales donde los tórtolos intercambian angustias por sabias recomendaciones en cuestiones del corazón?

El quilombo en que ha degenerado Venezuela luego de su extinción como país, lo demandaba. Un Corruptorio Sentimental en el que la canalla saqueadora pudiese recibir consejos prácticos para sus amoríos, no precisamente a distancia, con el soborno, el peculado, incluidas las infidelidades y puñaladas traperas por celos entre compinches. Los menáge à trois con la partida secreta, los dólares preferenciales y el saqueo de Pdvsa no podían faltar. Tampoco las atracciones fatales por el narco, así como el furor de Mesalina con los negociados con China, Cuba y el camarado Putin.

“Querido Corrptuorio Sentimental: te escribo para preguntarte qué debo hacer para evitar los cargos de conciencia, pues en mis cuasi dos décadas de idilio con los billetes verdes —miti-miti con el camarado Diosdedos— de cuando en cuando me asalta el ratón moral. Imagínate, querido Corruptorio, ¡yo, con ratón moral! Todo por mis amancebamientos, hasta que el Cielo nos separe, con los sobreprecios en la adquisición de medicamentos para los huerfanitos pobres con cáncer. ¿Qué hago para ser como el suciodicho camarado, quien ama al guiso con desenfreno, sin importarle el qué dirán?”.

Se le ha reconocido, poco y mal, al Corruptorio Sentimental Bolivariano su aporte de romance en el oficio más antiguo del mundo robolucionario. Una frase vale más que mil palabras y las más célebres del citado oráculo han dejado huella en el cariño depredador, rojo, rojito. A saber:

“Guisa bien y no mires con quién” (para que quienes lo amen, sigan amando el guiso con medicamentos anticancerosos, sin “pararse en artículo”, léase, orfandad, condición económica, edad, ni carácter terminal de los pacientes). “Guisa, que algo queda” (para que recapaciten los bolivarianos que les hacen ¡fo! a los guisos menores del millón de billetes con la cara de George Washington)”. Y la más emblemática de todas: “¡Chávez, vive, el guiso sigue! ¡Y pa’ gozá !”.


 

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