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Trump y Maduro en caída libre

Nuestra patria necesita reducir conflictos con otros países, obviamente sin sacrificar principios constitucionales


Jesús Silva

Los intelectuales revolucionarios podemos señalar abiertamente asuntos que los altos dirigentes no deben ventilar, porque sobre ellos recaen delicadas responsabilidades que inyectan riesgo a cualquier declaración irreverente. Por esto, confiando en la compartimentación de roles entre aliados, la opinión de un experto es sólo un aporte para reflexionar y no un acto de polémica mediática para enjuiciar al Gobierno. Advertido lo anterior, Venezuela debe examinar a fondo la nueva situación política de Estados Unidos desde que Donald Trump es presidente.

Con varios problemas internos que atender, nuestra patria necesita reducir conflictos con otros países, obviamente sin sacrificar principios constitucionales. De mi visita académica a varias instituciones de EEUU (enero 2017), confirmé que en esa nación hoy existen dos bloques en disputa: por un lado, el partido derrotado, CNN y otros que integran una coalición de poderes fácticos (establishment) que se opone a Trump y desea el final adelantado de su mandato; y por el otro, está Donald como primer mandatario, buena parte de su partido, el congreso y sus amigos billonarios.

Ambos bloques son de la clase social capitalista, pero a pesar de ello sigue siendo un intenso forcejeo entre rivales y esto debe ser apreciado por Venezuela a la hora de estudiar posibles acciones que abran camino a la necesaria coexistencia pacífica entre Caracas y Washington. Tal forcejeo se agudiza en el tema de las relaciones de EEUU con Rusia. El bloque anti Trump se autoproclama también contra Putin, mientras que el bloque pro Trump procura retirarle sanciones al ruso y con él establecer importantes “oil deals” (grandes convenios petroleros).

En política exterior, Trump prioriza el interés comercial por encima de la discusión politizada sobre derechos humanos o la calidad de las democracias extranjeras. Esto bien puede extenderse hacia los amigos del país exsoviético, entre tales, Venezuela; y para tales fines el mediador soñado sería Putin. Así lo veo yo: Maduro sería como Fidel Castro, Putin sería Nikita Krueschev, y Trump sería John F. Kennedy; el resultado sería un pacto de no agresión semejante al que resolvió la crisis de los misiles nucleares entre Cuba, EEUU y URSS en 1961. Esto es posible hoy y reto a quien opine lo contrario a que lo debata conmigo en TV.

Asimismo, si nuestro país firmó negocios con empresas transnacionales en el Arco Minero, no es imposible que un día estudie negociar con Exxon (hasta hace poco manejada por el hoy canciller de Trump). Así como el pueblo chavista confía que el Gobierno nacional ha protegido la soberanía constitucional en aquella transacción minera, también lo hará en el caso de un contrato petrolero con EEUU estrictamente regulado por el derecho venezolano. Poco importará la queja de la “izquierda disidente”, pues el gigante del norte sigue siendo hasta el presente uno de los mayores compradores de nuestro oro negro.

Aquí no habría traición al socialismo, sobre todo si se observa que ya Venezuela dialoga acuerdos petroleros con Arabia Saudita y Qatar, ambos colaboradores de EEUU en acciones militares en Oriente Medio (que afectan severamente a Siria y a otros amigos de la revolución bolivariana); entonces, si ya hay conversación diplomática con los asistentes del “imperialismo”, no hay nada malo si se conversa con el jefe; más bien esto puede ser el primer paso hacia el establecimiento del respeto mutuo y la paz.

Antes, el así llamado “diálogo yanqui venezolano” era casi inútil porque el bloque anti Trump era el que gobernaba en EEUU y la cúpula de la oposición venezolana estaba consolidada como su mejor amigo. Pero hoy el panorama es diferente y la MUD lo sabe, a esto se debe su lobby desesperado en el norte buscando recuperar apoyos vitales que durante la era de Obama le pertenecían, pero que hoy con Trump corren peligro y pueden ser desactivados por una diplomacia bolivariana pragmática y debidamente asesorada que interprete y “encienda” el triángulo: Maduro, Putin, Trump.

Apartando dogmas inservibles, ¿se intentará arrancarle a la MUD su principal aliado? Amanecerá y veremos.


 

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