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Francisco Ibarra de Econométrica
Ibarra para “La Razón”: La tesis de la “guerra económica” no resiste un análisis | Foto Manuel Alegría

El director de Econométrica considera que hasta que no se resuelva qué es lo que se va a hacer con el control de cambio, el país va a seguir en crisis


Enrique Meléndez

El economista Francisco Ibarra asegura que no sólo estamos en una economía inflacionaria, sino también distorsionada. Considera que los mercados se han fracturado y fraccionado. El director de Econométrica resalta que los controles de precios no han funcionado “ni en la versión de controlar los precios de venta al vendedor, ni en la versión de controlar el margen de ganancia”. Está convencido que el problema de la economía venezolana es un problema de fondo y no de la forma de implementar los controles.

Hay quien considera que la cifra que usted maneja de 683 % de inflación es muy complaciente con el Gobierno, pues se tiene la sensación de que el flagelo desborda ese número. ¿Qué piensa usted?

Lo primero es que no puede ser que cuando escuchemos una cifra que no se ajuste a una realidad tenemos que implicar que quien la dice está haciéndole trabajos al Gobierno. Yo puedo explicar muy bien de donde obtengo esa cifra. Esa cifra es producto de un trabajo de campo en cinco ciudades del país y tiene alrededor de más de tres mil precios.

Si tú lo comparas con el IPC que calculaba el BCV con el INE, obviamente se trata de una muestra mucho más pequeña, porque nosotros no tenemos la capacidad de generar toda esa información, sin embargo es una muestra de alrededor del 1 %, con el cual tratamos de generar un índice de aproximación de lo que está pasando con la inflación.

Por supuesto, no todo el mundo percibe la inflación de la misma manera. El asunto es que el índice de la inflación está orientado a una canasta de consumo promedio y no todo el mundo consume, ciertamente, la misma canasta. De modo que hay gente que puede percibir que una inflación de 683 % es muy alta, otra puede percibir que es muy baja, porque tiene una canasta de consumo diferente a la que medimos nosotros o el INE. Pero, sin duda, esa es la inflación más cercana que nosotros podemos aproximar a la realidad.

Hay otro punto ahí, y es que los patrones de consumo del país han cambiado. La fracción que la gente está destinando a los alimentos es cada vez mayor. Entonces, quizás en ese aspecto los ponderadores deberían ser modificados, pero para ser modificados yo requiero hacer un trabajo de campo. Yo no puedo imputarle nuevos ponderadores a los grupos. Yo tengo que ceñirme a lo que tenía el BCV cuando inició el índice.

En efecto han comenzado a aparecer algunos productos básicos, pero están muy inflados con respecto a la regulación impuesta por el control de precios…

Sí, yo acabo de llegar de Apure y allí un litro de aceite te vale diez mil bolívares. Hay mucha distorsión de precios. ¿Qué es lo que pasa? Que, producto de los controles, los mercados en Venezuela se han fracturado y se han fraccionado. No hay un mercado único. Antes, por ejemplo, la harina de maíz tenía el mismo precio en todos lados, porque había competencia, había diversidad de productos, porque no había tanta escasez.

Cuando tú tienes muchos controles que son aplicados, en especial sobre la industria agroalimentaria, eso hace que los mercados dejen de operar. Por eso consigues que alguien trae esos bolsones de comida de Colombia y los vende a esos precios. Trae, por ejemplo, una pasta importada de Italia y la vende a esos precios.

El Gobierno trae con los Clap unas cajas cuyos productos los vende a unos precios muy bajos. Parte de esos Clapa lo mejor los negocian por otro lado. Entonces, tienes todas estas distorsiones que operan sobre los mercados, fracturándolos, lo que hace que no operen eficientemente y se produzca esa enorme distorsión en los precios.

Hoy en día la dispersión entre el precio mínimo y el precio máximo es mucho más grande de lo que era hace diez años, sin embargo es mucho menor de lo que era hace un año. Eso es, obviamente, porque la escasez ha venido disminuyendo, ha venido aflojando en los últimos meses, diría hasta enero de este año. Ha comenzado a repuntar en febrero, y lo que yo veo en la calle es que la escasez continuará con esta tendencia en el mes de marzo.

Por consiguiente, esos productos se venden sin tomar en cuenta la Ley de Precios Justos, ¿cierto?

Lo que pasa es que la Ley de Precios Justos lo que te dice es que tú debes vender de acuerdo a un margen. Tú tienes un margen de 30 %. De todas formas, a esa ley tú le puedes dar la vuelta y, por ejemplo, en tus libros de registro apoyarte con facturas, donde se muestra que si tú estás vendiendo un producto a cinco mil bolívares, fue porque lo conseguiste a cuatro mil bolívares.

De modo que de acuerdo a la Ley de Precios Justos ese es un margen “aceptable”. El problema es que la ley en sí es inefectiva. Los controles de precios no han funcionado ni en la versión de controlar los precios de venta al vendedor, ni en la versión de controlar el margen de ganancia, porque ese no es el problema. El problema son las distorsiones de precios que tú estás generando. El problema es que tú tienes un control de cambio que le está imponiendo a la sociedad un control de precios.

Si tú no tienes un control de cambio, el control de precios no tendría por qué existir o sería un control de precios muy retrasado, donde habría algunas tarifas reguladas. La gasolina, por ejemplo. Pero no un control de precios que está extensivo a toda la economía. El problema es que tú tienes un nudo gordiano, como ya te he dicho en anteriores entrevistas, que constituye un círculo vicioso en el que se mueve la economía del país. Hasta que no resolvamos el problema de qué es lo que vamos a hacer con el control de cambio, vamos a seguir operando un poco en esta dinámica.

El Gobierno dice: yo le estoy dando a estas empresas dólares a diez bolívares, ¿por qué me están valorando sus productos a dólar de tres mil bolívares? Porque es obvio que el Gobierno no entiende de oferta y demanda. El Gobierno no entiende la estructura de costos. Por ejemplo, el Gobierno le ofrece trigo barato a los panaderos y quiere que los panaderos se ajusten a determinadas tarifas, sin tomar en cuenta que, además del trigo, tienen gastos de operatividad que se han inflado. Constituye un problema de fondo. No es un problema de forma, de cómo yo implemento los controles.

Usted ha dicho que ya estamos en una “fase terminal”, ¿cuánto dura esa fase?

Yo no lo sé, pero estamos en una fase final de los controles. Los controles no pueden ser arreglados, no pueden ser emparchados, no pueden ser modificados más allá de lo que han sido, y el Gobierno, en lugar de cambiar y adoptar una política diferente, lo que ha hecho es prolongarlos.

¿Qué entiende usted por inflación subyacente?

Cuando tú tienes controles de cambio y de precios, la inflación que yo puedo medir es sólo una fracción de la historia, y esto porque hay una cantidad de aumentos que están todavía en el sistema, y que no se dan. Por ejemplo, la electricidad, cuyas tarifas son todavía muy baratas: hay gente que paga doscientos bolívares por electricidad. Lo mismo ocurre con la telefonía celular y fija, con el gas, con el agua.

En el ámbito de los bienes hubo una inflación subyacente hace un año y medio. Esa inflación fue barrida cuando se terminó de desbordar el control de precios sobre sus niveles, de modo que comenzaste a ver subir el paquete de harina de maíz que hasta entonces se había mantenido entre 19 y 20 bolívares. Mira ahora en cuánto está el paquete.

Cuando hablamos de inflación subyacente nos referimos entonces a esa inflación que está contenida en el sistema, que es inflación abierta que todavía no la ha sentido el consumidor.

Cuando nosotros medimos el índice a la inflación subyacente lo hacemos pensando en formarnos una idea de hacia dónde va la inflación en el mediano plazo, y cuando yo calculo estos indicadores a mí lo que me dice es que a mediano plazo vamos a seguir teniendo inflación.

Usted ha venido estudiando lo que ha conocido como el valor de la canasta de bienes y servicios de Colombia y la canasta de bienes y servicios de Venezuela, ¿nos pudiera ilustrar al respecto?

Nosotros medimos Colombia como uno de los precios de referencia. Colombia hasta hace poco era el segundo socio comercial de Venezuela y existe todavía un flujo comercial si se quiere informal entre los dos países, sobre todo en la zona fronteriza donde todavía ves muchos productos colombianos. Medir los precios de Colombia permite tener una visión de hacia dónde podrían converger los precios en Venezuela ante una eventual unificación cambiaria.

En la economía venezolana los precios deberían converger sobre todo, los bienes. No tanto los servicios. De modo que cuando yo mido los precios en Colombia y mido los precios en Venezuela de los mismos bienes, entonces yo puedo calcular el tipo de cambio par.

Ese tipo de cambio par yo lo ubico en 1.600 bolívares, porque me iguala las dos canastas. Ese tipo de cambio constituye el piso con el cual tú pudieras salir en una eventual unificación. Pero es el piso, porque yo todavía tengo que considerar el aumento que tiene que producirse en todos estos servicios que vienen rezagados.

Cuando el consumidor venezolano va al mercado se encuentra con unos alimentos que están valorados a un tipo de cambio a 2.100 bolívares, pero hay una serie de servicios que están subsidiados y que están muy subpagados en Venezuela con respecto a cualquier parte del mundo. Eventualmente tiene que venir un ajuste muy importante, y ese ajuste tendría que comenzar un tipo de cambio a 1.600 bolívares.

¿Usted cree que el tipo de cambio paralelo el marcador de nuestra economía?

Esa es una muy buena pregunta. Creo que la dejaste para el final intencionalmente. El paralelo no siempre fue el marcador de la economía. De hecho, si tú ves hasta 2012 la prima entre el paralelo y el tipo de cambio oficial era una prima más o menos manejable. Entonces, el paralelo no era el marcador de la economía. Cuando yo hago el análisis de ·conométrica me doy cuenta de que la capacidad explicativa que tiene el aumento del tipo de cambio paralelo resulta insuficiente, para yo imputarle siquiera algo de la responsabilidad de lo que pasa con los precios.

Sólo en pequeños períodos entre 2003 y 2012 yo puedo decir “hoy sí hubo algún impacto”, pero probablemente lo que estuvo en ese período detrás de la inflación, como mayor determinante, fue el tipo de cambio oficial, los salarios, los niveles de escasez, los medios de pago de país, etcétera.

¿De qué es lo que yo me doy cuenta a partir de 2013 en adelante? Que hay un rompimiento. La prima entre el tipo de cambio oficial y el paralelo se explota. Entonces el efecto que tiene el tipo de cambio paralelo sobre el nivel de precios es mucho más profundo. Vamos a suponer que en febrero el tipo de cambio paralelo aumentó uno por ciento. Yo esperaría, sólo por ese incremento de uno por ciento, sólo 0,23 % de inflación adicional en el mes de marzo, que se ve bajo, pero es que es uno por ciento.

Pero yo estoy hablando solamente de un incremento en el tipo de cambio de uno por ciento. Si yo estoy hablando de un aumento en el tipo de cambio de diez por ciento, yo esperaría una inflación adicional de 2,3 %, que es bastante. Entonces, lo que nosotros hemos podido analizar con la data es que el efecto del tipo de cambio paralelo sobre el nivel de precios es cada vez mayor y cada vez más determinante, y esto porque no hay entrega de divisas.

La economía venezolana se ha visto forzada a operar con el tipo de cambio paralelo, porque no hay otro mercado de divisas. Entonces, todo el nivel de precios, sobre todo de los bienes, se está moviendo hacia eso o está siendo afectado por ese tipo de cambio. Eso desde el punto de vista de política económica te genera una limitante. Todo plan de ajuste necesita un ancla nominal, bien sea el tipo de cambio, los agregados monetarios, el déficit fiscal.

Pero cuando tú tienes un tipo de cambio que impacta en el nivel de precios internos, como está sucediendo en Venezuela, la mejor ancla es el tipo de cambio. Yo puedo quebrar las expectativas inflacionarias unificando el tipo de cambio, partiendo del hecho de que el nivel de precios se me van a ajustar a ese tipo de cambio, porque yo tengo una economía que se está dolarizando. Una libre convertibilidad con un tipo de cambio fijo.


Bienes acelerados y servicios rezagados

 

¿Qué lo lleva a decir que tenemos una economía inflacionaria y distorsionada?

Puede haber una economía inflacionaria, sin que exista una relación de precios relativos. Vamos a suponer que todos los precios en Venezuela subieran diez por ciento todos los meses. Eso sería una economía inflacionaria. Pero no sería una economía cuyos precios relativos están distorsionados, porque todo el nivel de precios está aumentado a la misma tasa.

Lo que pasa en Venezuela no es eso, sino todo lo contrario: tienes unos bienes cuya aceleración inflacionaria en los últimos meses ha sido muy importante, pero tienes unos servicios cuyos precios están muy rezagados. Entonces es una economía inflacionaria, pero con una enorme distorsión de precios relativos. Por ejemplo, hay gente que te paga un café por 800 bolívares, pero paga sólo 200 bolívares por electricidad.


 

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