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Habrá memoria de elefante para las narcofelonías. Prometemos no olvidarlo


O.E.

En el muestrario de hambruna que padecemos los venezolanos, la prensa nos ha informado del caso de “Ruperta”. ¿Cuántas   toneladas ha adelgazado la elefanta del Parque Caricuao en los últimos meses? ¿Dos, tres, más de tres?  Lo que pesa, sin embargo, no son las toneladas, lo que pesa es el salvajismo imbécil de quien ha causado semejante dieta a los venezolanos.

El saldo de niños, adultos, ancianos, haciendo cola, no digamos para comprar alimentos, sino para procurarlos entre los desperdicios nos pone en levitación histérica a todos. ¿Y qué se habrán creído los  elefantes? ¿Qué iban a irse lisos del holocausto bolivariano?

Escribía Bernard Shaw que los pueblos pueden ser juzgados según traten a los animales. El enaltecimiento de los valores más caros de una colectividad, como su opuesto, la barbarie, siempre se han manifestado en todos los resquicios sociales.

El administrador de un zoológico que mata de hambre una elefanta, se desdobla en el magistrado que persigue, en el chacal de los “colectivos de la paz”, en los narco zurdas conductas del “canal de todos los venezolanos” que insultan madres y esposas de opositores.

El administrador de un zoológico que mata de hambre una elefanta, se desdobla en el magistrado que persigue

No toleran que los disidentes o que las elefantas tengan sus propios puntos de vista, siempre respetables y que haya formas de ventilarlos que no sean el exterminio  rojo, rojito por inanición. Y ahora que pasamos revista al bestiario ¿Qué dirá de todo esto el cochinito congo, pretendido segundo de a bordo?

Los elefantes no olvidan. No olvidan que quienes llegaron a nuestro reino (animal), como supuestos cruzados en la lucha contra la corrupción, hayan sido los asesinos, violadores de DDHH, pero sobre todo los narcochorizos más voraces de la animalidad. Incluso desde tiempo de los mamuts, tatarabuelos de “Ruperta”.

El baldado mental y moral, el mismo del chiste malo de bautizar con su apellido la oprobiosa dieta de hambre venezolana, haría bien en tenerlo presente. Habrá memoria de elefante para sus narcofelonías. Prometemos no olvidarlo,  “Ruperta”.

 

 


 

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