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Rubén Osorio Canales: Frente a la aberración totalitaria

Cabello y Maduro la aberración totalitaria

Cerradas las vías para una solución política, ¿qué camino nos queda? Esta historia continuará


Rubén Osorio Canales

Desde la asunción al poder de Maduro, Padrino, Cabello y sus respectivos entornos, lo que ha pasado en el país no tiene un nombre.  Además de los fraudes y violaciones, este régimen cada día arruina más al país, multiplica la inflación,  provoca con sus decisiones una crisis humanitaria, viola cada día los derechos humanos, apela continuamente al terrorismo de estado,  no  le da  respuesta a ninguno de los problemas de la gente, porque para la cúpula mandante,  lo único que importa es preservar el poder. Mientras la ingobernabilidad se los traga, gracias a su incapacidad para gobernar, los problemas económicos  y sociales se acentúan, la descomposición social se desborda, la inseguridad es el pan de cada día, y el rechazo que reciben por su pésima conducta, sobre pasa el 80% de la población y como si nada de esto fuese con ellos, decidieron radicalizarse en su propósito totalitario tratando de montar un estado represivo de conmoción, sin importarles si por esa vía, sus pasos nos llevan a una guerra civil.

Lo que estamos viendo es el asalto definitivo de una cúpula a las instituciones para imponer de una vez por todas, un régimen castro-comunista en Venezuela, en el que Estado, partido y gobierno sean una misma cosa, con propósitos muy puntuales como: ejercer el poder de manera arbitraria preferentemente hasta el final de los tiempos; matar de un solo tiro a la República,  a la democracia y a la libertad; controlar de manera absoluta a cada ciudadano, convertirlo en esclavo; liquidar a los partidos políticos; imponer a punta de propaganda la voluntad de la tiranía; borrar la historia y escribir una nueva con ellos como únicos protagonistas; pero sobre todo hacer del país y sus recursos pastos de sus propias ambiciones.

Lo que está sucediendo es que el proyecto radical revolucionario, el  originario , el militarista,  el sanguinario, el que marcó su nivel de violencia en el asalto a La Casona y al Palacio de Miraflores, el que traía en su agenda una larga lista de juicios sumariales con paredón de fusilamiento incluido, reapareció,  pero desde el poder y acompañado  por el terrorismo de Estado, el abuso de poder como conducta cotidiana,  la incompetencia, la incapacidad para resolver los problemas de la gente, una bancarrota galopante, una inflación que sembró hambre en el pueblo y una corrupción desbordada a todos los niveles, con graves señalamientos de incursión en el narco tráfico,  legitimación de capitales y  lavado de dinero.

Es bueno recordar que ese proyecto se congeló cuando los militares golpistas,  derrotados por las Fuerzas Armadas leales a la democracia, recobraron sus derechos y,  asesorados por sectores de la izquierda tradicional, decidieron que, participando en las elecciones y ganándolas con un líder carismático al frente, podían utilizar por un tiempo los recursos de la democracia,   básicamente el electoral, para cambiar la estructura política del país e imponer de a poco un estado socialista, muy parecido al modelo que los había inspirado. De esa manera fueron de elección en elección avanzando en el proyecto,  hasta que un día quisieron introducir en la Constitución la reelección indefinida, y recibieron como respuesta, un rotundo NO. De allí en adelante. Chávez avanzó a punta de fraude y violaciones a su propia constitución,  hasta que la enfermedad lo detuvo y aparecieron en su lugar los llamados herederos, que son los fidelistas-guevaristas seleccionados desde un principio por Fidel y su cúpula para ocupar el primer anillo de influencias en la conducción de estado que acompañó al caudillo difunto. Y ahora a plena conciencia de que para ellos el camino electoral no le es propicio, la dictadura en acto comenzó la más fraudulenta operación para acabar con la República, desaparecer para siempre la Asamblea Nacional, que el pueblo eligió con mayoría calificada, y sumergirnos a todos los venezolanos en la aberración totalitaria.

Porque de eso se trata el fraudulento llamado a una Constituyente sin contar con la opinión del pueblo, que es a quien corresponde convocarla mediante consulta. Y la pregunta que todo venezolano debe hacerse es si las solas protestas en la calle podrán detener el arrebato de semejante guillotina dispuesta a cercenar todos nuestros derechos, si la presión internacional podrá ayudarnos a detener el monstruo y,  si el  pueblo, esa masa que representa más del 80% de venezolanos que nos oponemos al plan nefasto, tenemos la fuerza para impedirla.  Cerradas las vías para una solución política, ¿qué camino nos queda? Esta historia continuará.