Ponga a marinar durante veinticuatro horas dos kilos de lagarto sin hueso o de cualquier carne dura, en una olla con un litro de vino tinto, dos cebollas, un tallo de celeri, pimienta en granos, un clavo de olor y sal.
Por: Rubén Osorio Canales
La Vinotinto. Así con la dos palabras haciendo una, con el color del vino que calienta y reconstruye el ánimo en la peores adversidades, con lo que tiene de placentero al tomarlo en compañía y llegar a hacerlo con perfecta armonía. La Vinotinto la misma que hemos visto crecer, pasar de una parálisis largamente sufrida a una recuperación que la ha fortalecido y convertido en un pequeño gigante. Se acabaron los tiempos del sufrimiento y la humillación, ahora se ha ganado el respeto de propios y extraños al punto de codearse ya con los que ayer fueron sus victimarios. Más allá de la extraordinaria alegría que nos han hecho vivir en esta Copa América, con lo cual nuestros jugadores nos brindaron un elixir para nuestra ruinosa autoestima y los venezolanos fuimos todos uno solo, hay que decir que esta maravillosa actuación de nuestra Vinotinto, es demasiado importante por todo lo que involucra. Ello nos habla de un crecimiento de la selección nacional por las vías naturales de todo sano crecimiento como es la presencia de un buen conductor y su equipo complementario, una planificación con metas bien definidas, una eficiente evaluación de los recursos, entender que sin disciplina no hay progreso, y llegar al convencimiento que ningún equipo puede depender del estro de una sola persona y que el trabajo tiene que ser colectivo para lo cual se requiere un proceso profundo para aceptar que sin tus compañeros no eres nadie. La Vinotinto nos ha dado esa lección a lo largo de estos últimos diez años. Desde aquellos tiempos en que la derrota era un hecho, más que previsible absolutamente anunciado, hasta los años en que gracias a varios estímulos como los que las empresas Polar y otras le dieron en momentos en que reclamaban un auxilio urgente, la incorporación de un hombre como Richard Páez que le inyectó una nueva visión al seleccionado y le sanó eficientemente buena parte de sus heridas elevando su auto estima, hasta estos tiempos en los que César Farías, aprovechando la virtudes heredadas, le dio un nuevo impulso a una selección que por sus méritos nos hizo mirarla con confianza y que ahora es de todos. Las lecciones que nos dan hoy los componentes del seleccionado nacional, que nos sirven para un disfrute necesario en medio de tanta ansiedad e incertidumbre como la que hoy se vive, sirven para reflexionar y seguir con fe un camino a recorrer en todos los campos de la vida nacional y con ellos remontar la cuesta y encerrarnos en el reto de construir una Venezuela prospera llena de entusiasmo y armónicamente con el esfuerzo de todos para apuntar a su grandeza. Hoy tenemos que gozar las victorias con la humildad de los buenos vencedores. Puede ser gratificante al oído y a la memoria afectiva escuchar una y mil veces la voz del locutor cantando un gol de la vinotinto, pero más importante es pensar y trabajar para conseguir los próximos goles. Si lo vemos con detenimiento, lo que ha hecho la Vinotinto es lo mismo que ha hecho el Sistema Nacional de Orquestas, lo que han hecho Los Criollitos, y lo que podríamos hacer en todos los campos de la vida nacional, si logramos construir un Sistema Nacional de Ciudadanos que, apoyados en la unión, en la inclusión y en el diálogo fecundo, emprenda los grandes objetivos nacionales para abatir la pobreza, educar a niveles de excelencia a un pueblo entero, aprender que tendremos mejor desempeño democrático en la medida en que seamos mejores ciudadanos, que la democracia se perfecciona con la participación y la crítica para construir, y que hay que cuidarla y alimentarla como si se tratase de nuestra vida misma, y con ello lograr la independencia de toda conducta manipuladora, así estas vengan del populismo, de la demagogia o de la autocracia. Tenemos el material, pongámosle la voluntad. EL PLATO Con la voluntad de ellos y la ayuda de todos, el ascenso emprendido seguirá su curso indetenible y ello hay que celebrarlo con cada victoria y aun con alguna derrota que pueda enaltecernos porque se hizo todo lo que estaba al alcance sin que nos ayudara la suerte. Por eso hoy un grupo de amigos celebraremos con una carne de res a la vinotinto. Ponga a marinar durante veinticuatro horas dos kilos de lagarto sin hueso o de cualquier carne dura, en una olla con un litro de vino tinto, dos cebollas, una zanahoria, un tallo de celeri, una cucharada de pimienta en granos, un clavo de olor, y sal. Resérvalo en la nevera. Sáquelos de la nevera y déjelos a temperatura ambiente para luego, escurridos, llevarlos a un caldero grande para dorarla en una mezcla de mantequilla y aceite. Una vez dorada la carne añada la marinada completa, cubra el caldero y déjela cocinar con el fuego dulce de las victorias hasta que la carne quede blanda pero con firmeza. Sirva acompañada con arroz y cómala pensando en el camino largo y duro a seguir para lograr las metas. p
|
|