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Froilán Barrios: “Lo que viene es la prolongación de la miseria”

El dirigente del Movimiento Laborista asegura que el trabajador pierde dinero al ir al trabajo en lugar de percibir ganancias

Froilan Barrios

“Se dan casos de empleados que asisten a trabajar simplemente porque la empresa tiene comedor industrial, van solo para buscar la comida y luego poder repartirla en casa”


Mónica Duarte

Froilán Barrios economista, profesor universitario y dirigente de Movimiento Laborista y del Frente Autónomo en Defensa del Empleo, el Salario y el Sindicato (Fadess) advierte que el año 2018 será la entrada al “umbral de una explosión social” caracterizada por el hambre generalizado y la precarización que existe en el país.

“Cuando un pueblo no aguanta ni la represión lo va a detener. Los trabajadores y el pueblo en general ya no pueden soportar la situación que hay porque dependen de una caja CLAP y eso ha generado que las protestas recientes. Y, evidentemente, esto se va a estar extendiendo en todo el territorio nacional”. La escasez y carestía de alimentos ya se ha vuelto foco de protestas y preocupaciones en la última semana del 2017 y la primera de este año, pequeños pero numerosos episodios han estallado en todo el país bajo un solo reclamo: “queremos comida”, ante este escenario la distribución estatal a partir de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) ha perdido eficiencia, explica Barrios, pues no le llega al 70 % de la población y termina siendo una distribución “de la miseria”.

El representante de los trabajadores afirma que, en medio de ese clima de conflictividad, el nuevo ingreso mínimo de 797.510 bolívares mensuales se seguirá comiendo el poder adquisitivo, situación que podría devenir en renuncias e inasistencias masivas a los empleos.

“Cuando le quiten el comedor a los empleados públicos la gente no va a ir a trabajar porque no hay ningún tipo de relación entre lo que se percibe con la jornada de trabajo y el esfuerzo, o que eso signifique la posibilidad de adquirir algo elemental para poder sobrevivir la familia”.

“Cuando le quiten el comedor a los empleados públicos la gente no va a ir a trabajar”

¿Qué va a determinar ese estallido social que usted vaticina?

– Va a venir marcado por el hambre porque el problema ya no es pedir un revocatorio ni elecciones justas, hay un cambio en la agenda de las movilizaciones que están ocurriendo, el verdadero problema son las condiciones materiales y de vida de la gente, eso es lo que hace que las personas reaccionen, simplemente cómo instinto para poder sobrevivir. No hay argumento posible para el Gobierno para justificar la protesta como política, lo que hay es una agenda directa de la población para poder subsistir y que no acepta que se siga justificando lo que pasa con la guerra económica o con la aplicación de las medidas de Trump. El argumento de Castro en Cuba no le va a servir a Maduro ni a su Gobierno para frenar la movilización que se va a ir extendiendo día a día en Venezuela.

La ex ministra de Maduro, Alejandra Benítez, criticó que las protestas se hayan iniciado por la no entrega de los perniles navideños y que no se hayan producido por los altos precios de la carne en los comercios ¿Qué opina usted de esta perspectiva?

– Creo que esta deportista simplemente hace un análisis superficial de la realidad. La misma gente ha dicho que no protesta por perniles sino por la crisis de alimentación que tiene el país, por el hambre que se está pasando. Es triste que voceros gubernamentales y el mismo Maduro se evadan de la realidad, y eso es lo que pasa cuando llegan al poder, se tiñen de un aura que los transporta a otro planeta, creen que todo lo que hacen está justificado porque están en el poder y cada día se separan más de la condición de vida de la gente.

“El verdadero problema son las condiciones materiales y de vida de la gente, eso es lo que hace que las personas reaccionen”

¿Se ha fortalecido esa dependencia alimentaria hacia el Gobierno?

– En Venezuela lo que viene es una prolongación de la miseria que está viviendo la gente. El tema de las cajas CLAP es que primero su composición no permite que una familia sobreviva y más con el criterio esporádico con que se distribuyen o la piratería que hay en la organización para poder venderla, porque si bien es cierto que esos productos tienen un costo menor que en el mercado no son los productos ideales y tradicionales en la dieta diaria del venezolano. No se puede comparar una caja CLAP con las proteínas y calorías que permitía adquirir un salario mínimo anteriormente, las cajas no pueden suplir eso, por eso lo que viene es una prolongación de la miseria. Y la piratería del Gobierno no logra que tenga ningún tipo de eficiencia, que eso llegue a toda la población venezolana, porque la libreta de racionamiento cubana se ha mantenido porque hay una relación con su moneda. Aquí en Venezuela estamos peor que allá, porque la caja no le llega más de un 70 % de la población y los que la reciben es de forma esporádica. Sin contar con la corrupción.

“El salario sufre una involución”

¿Cómo queda en este panorama el nuevo aumento de salario mínimo que se decretó ya para enero de 2018?

– El Salario ha sufrido una involución. El salario es en cualquier sociedad la referencia del trabajo, es la contraprestación por el trabajo que te permite acceder a una calidad de vida decente. Pero esa conquista de la humanidad desapareció en Venezuela, por eso es que ese aumento es risible. El Gobierno es tan maquiavélico y demagógico que habla de un salario integral que es falso, solo 248 mil es salario, el resto no es salario, es dinero pero no representa beneficios. Por eso, los trabajadores cuando fueron a sacar las cuentas de las utilidades no les alcanzaron para comprar nada. Los aguinaldos, la bonificación de fin de año no alcanzó ni para una semana.

Si se dividen los 797 mil bolívares del nuevo sueldo entre los 14 millones que cuesta la canasta básica de bienes y servicios según el Cendas eso representa el 5,69 % de la canasta básica y si acaso el 12 % de la canasta alimentaria. Esto representa para el trabajador que cada aumento que anuncia el Presidente es una caída al poder adquisitivo. Aumenta el salario pero la caída del poder adquisitivo es mayor de lo que significa el incremento.

El segundo término es que el trabajador cuando se levanta en la mañana pierde al ir al trabajo. Ir a trabajar significa perder dinero porque necesita efectivo o porque debe pagar mucho más en transporte que lo que gana con un día de sueldo. Ya se dan casos de empleados que asisten a trabajar simplemente porque la empresa tiene comedor industrial, van solo para buscar la comida y luego poder repartirla en la casa. Es todo un proceso degenerativo del mundo del trabajo.

“Ir a trabajar significa perder dinero porque necesita efectivo o porque debe pagar mucho más en transporte que lo que gana con un día de sueldo”

¿Se puede traducir esa situación en renuncias o desempleo voluntario?

– Claro, por ejemplo, cuando le quiten el comedor a los empleados públicos la gente no va a ir a trabajar porque no hay ningún tipo de relación entre lo que se percibe con la jornada de trabajo o el esfuerzo y que eso signifique la posibilidad de adquirir algo elemental para poder sobrevivir la familia. Estamos entrando en una espiral peligrosa que el Gobierno no quiere entender y la gente vive un drama diario.


“Se imponen contratos ideológicos”

¿Cómo está el sector trabajador en este momento?

– El mundo del trabajo tiene cuatro elementos. El primero es el elemento salario que está pulverizado; luego vinee el empleo, que está caracterizado por una diáspora que ya alcanza los dos millones y medio con tendencia a llegar a los tres millones según Tomás Páez, estudioso del tema. La seguridad social ya sabemos cómo está cuando las medicinas de los pensionados cuestan hasta 100 mil bolívares; y el cuarto elemento que es la capacitación y la formación no está por ningún lado. Se están destruyendo estos pilares y cuando esos cuatro elementos faltan en un país, se derrumba e implosiona el sistema de relaciones de trabajo, que no es algo nuevo. Ya esto venía acabando cuando el contrato colectivo dejó de ser un instrumento de negociación con el patrono. Ya en el sector público no se discuten contratos colectivos, se imponen contratos ideológicos donde se incluye trabajo voluntario, donde la seguridad social se cumple a través de las misiones y hay que formar parte de un ejército de reservas militares. Estamos viviendo un apocalipsis del mundo del trabajo donde se derrumba todo.