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Rubén Osorio Canales: El voto y la rebelión cívica

voto 15 octubre

Dios quiera que como en las elecciones para la Constituyente de 1952, el pueblo desobedezca y vote


Rubén Osorio Canales

Para nadie es un secreto que desde que este régimen llegó  al poder,  decidió  acabar con la democracia utilizando las armas de la democracia.  Que desde los inicios de estos trágicos casi veinte años, el régimen decidió convertir cada proceso electoral en un vía crucis para la oposición. Que su propósito totalitario siempre fue no dejar espacios para la disidencia e ir inhabilitando tanto a líderes como partidos políticos, porque su aspiración ha sido siempre el partido único.  Una y otra vez y  en cada proceso,  han ido creando las redes necesarias para  entorpecer el voto y con ello  la manifestación de la voluntad popular.

Por eso,  con el control absoluto del CNE, del TSJ, la Fiscalía, de la Contraloría,  y ahora de la espuria constituyente, cambia  normas, instrumenta  atrocidades inconstitucionales, incrementa su desmedido ventajismo, inhabilita líderes,   partidos, criminaliza la crítica y transforma todas sus acciones en un  decreto de guerra a muerte contra cualquier atrevimiento electoral de la oposición. Todo lo cual sirve para que entendamos que el régimen no quiere que votemos.

Por eso  no deja de sorprender que líderes veteranos  pasen por alto  el valor que tiene,  el escenario electoral, para  reanimar la lucha del ochenta por ciento de los venezolanos,  contra una trágica realidad creada por el régimen con la intención de destruir sus valores y someterlos.  Porque es innegable que un  proceso electoral, aun convocado con fraudulentas intenciones,  le permite a la oposición crear y conducir  jornadas de resistencia,  movilizaciones vigorosas, democrática, cívica y pacífica,  en las  que tienen que prevalecer las consignas contra la corrupción, la ingobernabilidad, el empobrecimiento, la desigualdad, la injusticia, la persecución política, la inseguridad, el desabastecimiento, la inflación, el costo de la vida y la miles de plagas que trajo el castro comunismo, incluidos  el chantaje de las claps, las agresiones de  las OLP en los barrios, la falta de medicinas y alimentos y la represión.

Ese es el escenario y esas son las voces que el pueblo ha estado reclamando. Una protesta viva con denuncias  de los atroces problemas que la mal llamada revolución ha creado y sus soluciones. El pueblo las ha querido escuchar y expresar, a pleno pulmón y en la calle,  acompañado de sus líderes,  porque  es lo único que puede perturbar la enfermiza prepotencia del régimen.  Nada tiene más fuerza que centenares de líderes recorriendo el país con esas denuncias en vivo. Nada une más a un pueblo y  su liderazgo,  que la lucha  de todos los días, codo a codo,  en el rescate de una democracia, como la nuestra,  herida de muerte. Se trata  de activar la voz de la mayoría contra el desgobierno y,  de paso,  decirle a la comunidad internacional que, en este país,  queremos un cambio pacífico que nos devuelva la democracia. Y la democracia es voto y participación.

Evitar que ellas  entren en acción y tomen la calle,  porque serían mortales para su subsistencia en el poder, ha sido la razón principal del anticipo de las elecciones para el mes de mayo por parte del régimen, pero por desgracia esto no lo han querido entender y mucho menos,  asimilar,  quienes han preferido tomar el  callejón sin salidas de la abstención.

Imposible entender que líderes que hicieron posible el retorno a la democracia y aquellos que han movido la protesta en la calle y alguna vez llegaron a la AN por el voto, hayan olvidado que la lucha contra una dictadura implica utilizar varios tableros y que uno de ellos, seguramente el más importante,  es el proceso electoral,  porque se hace en la calle, a plena luz del día, con emoción creciente y sirve para motivar y unir todo el descontento y, en nuestro caso, para  demostrar  que una mayoría cercana al ochenta por ciento de la población, por rechazar y maldecir  las políticas de Maduro,   quieren un cambio.

El camino del voto sigue vigente y está esperando por todos los que nos oponemos a las perversas políticas del régimen.  Habría sido deseable que los partidos de la MUD que, sin convicción alguna,  tomaron el atajo de la abstención,  le hubiesen dado  libertad de acción a su militancia, para enfrentar el 20 de mayo en el que está abierta la posibilidad de que Venezuela entre en un tenebrosa oscuridad, en la que la libertad si acaso será un sueño. Dios quiera que como en las elecciones para la Constituyente de 1952, el pueblo desobedezca y vote.