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Elecciones parlamentarias 2015. 6D

El Gobierno no quiere realizar más elecciones porque sabe que las pierde. Las hacía, y hasta dos veces por año, cuando las ganaba


Luis Fuenmayor Toro

Desde hace ya varias semanas, el Gobierno y sus opinadores mercenarios repiten que Venezuela, en la grave crisis actual, con todas las necesidades insatisfechas que tiene, lo menos que requiere es de unas elecciones. “Aquí no hacen falta elecciones, aquí hace falta comida”, escriben y declaran. Uno de sus ideólogos asalariados dijo a su entrevistador, en un programa muy visto de TV, “si tú me preguntas si lo que se necesita hoy son elecciones, yo te respondería que no”, para luego agregar que “estamos en una guerra económica, que tenemos que ganar, y en guerra no se hacen elecciones”. Éste tipo de campañas, pues no es sólo la opinión de este dirigente de segunda, sino es la puesta en escena de una idea que se tiene y que se desea llevar a la práctica, para lo cual se hace indispensable ir acostumbrando a la opinión pública a este tipo de decisiones anunciadas.

El Gobierno no quiere realizar más elecciones porque sabe que las pierde. Las hacía, y hasta dos veces por año, cuando las ganaba, sin importarle las guerras que en esos momentos no eran tan imaginarias, como las que le gusta enfrentar a Padrino López. En abril de 2002 hubo un golpe de Estado claro, una guerrita, con sus armas y sus muertos, con 600 mil personas en la calle pidiendo la renuncia de Chávez, con militares del alto mando involucrados, con Presidente tumbado, y nunca nadie dijo que las elecciones se habían vuelto innecesarias, que ante esas “acciones violentas del imperio” lo que se imponía era suspender el revocatorio presidencial y las elecciones regionales, ambos fijados para 2004. Se realizaron ambos proceso, en un mismo año, y el CNE lo hizo y no recurrió al argumento estúpido de que el revocatorio le impedía hacer las elecciones de gobernadores.

Y en 2005 se efectuaron las elecciones de la Asamblea Nacional, que la misma oposición actual le regaló al chavecismo al no participar y llamar a la abstención, lo cual dejó a la Asamblea Nacional sin opositores. Algo del mismo tipo a lo que se hizo con el revocatorio de 2016, al colocarlo como excluyente de las elecciones de gobernadores. Recuerdo a quienes decían “que elecciones de gobernadores ni que ocho cuartos, hay que salir de Maduro y ya”, para al final no tener ni lo uno ni lo otro. Pero los fanáticos insisten en su torpeza. Ahora piden elecciones generales, escenario que no existe y que habría que construir, y desechan la lucha por las regionales. Quienes se la pasan buscando a los culpables del desastre actual entre quienes votaron en 1998 por Chávez, aquí les dejé esos dos momentos importantísimos que soportaron la calamidad actual, para que no estén buscando responsables donde no los hay.

Traslademos al pasado el argumento actual, para comprobar su total absurdo, por no decir otra cosa. Con Betancourt se vivió una guerra, no como la de febrero de 2002, sino con grupos guerrilleros de cierto número, armados, entrenados, con cierto respaldo en algunas comunidades campesinas y con relaciones con gobiernos extranjeros que los soportaban. Esta guerra derivó en gran cantidad de muertos, lesionados, asesinados, desaparecidos, presos, torturados, secuestrados, además de destrucción material e inestabilidad política. Betancourt también sufrió tres golpes de Estado: uno de derecha y dos de izquierda. Debió suspender las garantías, pero nunca nadie se planteó que se suspendieran las elecciones de 1964. Éstas se cumplieron en la fecha constitucionalmente señalada, no se violentó la Constitución, como quiere hacer hoy el gobierno tramposo dizque revolucionario.

Tampoco suspendió las elecciones el gobierno de Leoni, para poder enfrentar la guerra de verdad que le tenía el FLN-FALN, que si bien no era nada para alarmarse en el sentido de que tomaran el poder, era muchísimo mayor que los discursos y microscópica agitación de calle de los grupos radicales de la MUD, pues ni siquiera es toda la MUD. ¿Qué hubiéramos dicho los opositores izquierdistas de entonces, si a alguno del gobierno o de sus también escribidores mercenarios hubiera planteado que Venezuela no necesitaba elecciones, sino acabar con la subversión castro comunista existente? Pero no. No hubo necesidad de eso. Los gobiernos posteriores: Caldera, quien adelantó la pacificación, y Carlos Andrés Pérez I, jamás hablaron del tema. Ni lo propusieron Luis Herrera ni Lusinchi, sometidos a la “guerra económica” de entonces: devaluación del bolívar (y eso que no existían las páginas Web), inflación, deterioro salarial y escasez. No se les ocurrió suspender la democracia como a los ocurrentes actuales.

Pero analicemos el caso de nuestros vecinos occidentales. En guerra con las FARC, esa sí realmente seria, por más de 60 años, guerrilla que llegó a controlar grandes extensiones de Colombia, que en sus mejores momentos llegaron tan cerca como a 30 kilómetros de Bogotá, conflicto con decenas de miles de muertes, poblaciones desplazadas, sabotajes terroristas contra instalaciones estatales, secuestro y extorsión como acciones rutinarias, narcotráfico, y sin embargo, ni Uribe ni Santos, ni sus antecesores, plantearon que lo primordial era doblegar a la guerrilla y garantizar la paz, antes que hacer elecciones. Nunca supe que hablaran de que la opción de Colombia no eran las elecciones. No se trazaron desconocer la Constitución, como lo quieren hacer los chavecos. Y al final negociaron por 2 a 3 años para lograr un acuerdo que los sacara de la guerra, pero mientras se acordaban hacían las elecciones que su constitución obliga a realizar.

La Constitución Bolivariana está allí. No dice que las elecciones son una opción, ni tampoco que eso lo decide el Gobierno. Obliga a hacer elecciones locales, regionales y nacionales. El CNE tiene que hacer las elecciones regionales y no puede poner como excusa que espera los resultados del diálogo, pues ésta pantomima no está por encima de la Constitución. Aquí no hay ningún estado de conmoción que impida hacerlas. Mayor conmoción hubo el 27-2-1989 con el Caracazo y luego el 4-2 y 27-11-1992 con los golpes de Chávez. Y Carlos Andrés Pérez, tan vilipendiado, no suspendió la democracia para quedarse. Aceptó irse ante la traición de su partido.


 

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